En la reciente y todavía aguda crisis económica del Barça de Joan Laporta, dos personajes destacados han contribuido también de forma decisiva en corregir y aumentar los dislates de la presidencia. Y, como consecuencia directa de su colaboracionismo, a consolidar el agujero financiero, creciente y no menguante, de los fondos propios del club, situados ya en 153 millones negativos y unas pérdidas acumuladas de 230 millones en el mandato. Cifras que hablan por sí mismas a modo de balance nefasto y decepcionante.
Por esta misma razón sorprende que tanto Jaume Guardiola como Eduard Romeu hayan aparecido este mes en vísperas de la asamblea, reclamando un protagonismo cínico, esquizofrénico y hasta bipolar en el caso más preocupante de Eduard Romeu.
Jaume Guardiola se ganó el cargo de presidente de la comisión estratégica estatutaria del Barça -nombrado a dedo por Laporta en marzo de 2021- a cambio usar la estela de poder que aún conservaba de su etapa previa a la jubilación como CEO del Banco de Sabadell para dar forma y hacer la vista gorda -la entidad- en la confección y presentación de los avales que Laporta no tenía para poder ser proclamado presidente. Guardiola solo buscaba seguir haciendo carrera y aspirar, como luego se demostró, a la presidencia del Cercle d’Economia, y lo que pudiera surgir en el entorno mediático del mundillo financiero del país.
En la asamblea de 2021, en la que Laporta, ciego de ira y de resentimiento cargó en las frágiles cuentas de la pandemia 200 millones más de pérdidas completamente gratuitas, temerarias y de la forma más irresponsable conocida, tanto Jaume Guardiola como el CEO Ferran Reverter y el vicepresidente económico Eduard Romeu dieron, complacientes, su visto bueno, pidiendo a los socios aprobar y respaldar con su voto el hundimiento del club en el peor pozo de la historia. Y ambos, también, apoyaron a Laporta un año más tarde, en la asamblea de 2022, la necesidad perentoria y dramática de revertir los 451 millones en rojo del patrimonio (Laporta lo había heredado con 35 positivos de Josep Maria Bartomeu) a base de palancas. Aquella solución, si en un primer momento pareció deshacer y parchear aquella desgraciada y negligente estrategia, con el paso del tiempo ha resultado aún más dañina para una presidencia de que desde entonces -hace ya tres años- no ha podido inscribir a un solo futbolista con sus propios fair play y capacidad financieros. La lista de trampas, trucos, avales y operaciones indecentes de cada verano es novelesca e interminable, incluidas las renuncias de varios jugadores como Messi o Nico Williams que al final, ante la falta de garantías de poder ser inscritos, prefirieron renunciar a tiempo.
Jaume Guardiola, que acaba de enrolarse en la despaciosa y desorientada nave electoral de Víctor Font, no ha dudado ahora en echarle morro y poca vergüenza a la hora de criticar y resaltar los graves déficits de la estructura financiera azulgrana de la que él mismo fue directamente cómplice y responsable activo.
En sus apariciones ante la asamblea cuando fue presidente de la comisión económica, recomendó a la junta de Laporta seguir tres directrices principales: restablecer el patrimonio neto, asegurar EBITDA positivo y reducir la deuda. Y su conclusión fue que tras las operaciones de cesión de derechos audiovisuales (palancas), se revirtió el patrimonio neto negativo y se consiguió pasar a resultados positivos, reconociendo que se había logrado reducir la deuda y consolidar el cambio en las cifras de ingresos.
A pocos días de la última asamblea del pasado 10 de octubre, por el contrario, se apresuraba a escribir en La Vanguardia que «el club no ha acabado de salir de la situación grave en la que se encontraba al inicio del mandato. Ejemplos: durante el mandato las pérdidas acumuladas son de 230 millones, el club tiene unos fondos propios negativos de 152 millones y la deuda neta se ha corregido poco y es de 914 millones (sin incluir el Espai Barça y contado como se hacía cuando se instauró el artículo 67 de los Estatutos, que era una medida de autocontrol)». Cabe decir que él mismo votó entonces, en 2021, a favor de dejar sin efecto la única herramienta estatutaria de control económico a la directiva, en un gesto todavía más necio y frívolo dada su experiencia y conocimientos en la materia.
En el artículo repasó punto por punto los numerosos puntos negros del informe de auditoría denunciando maniobras contables impresentables y falta de transparencia que, según escribió, «tendría que ser un requisito indispensable de la gestión y del respeto a los socios». Lo dice quien conscientemente validó ante los socios cargas de pérdidas inventadas por cientos de millones y le otorgó a Laporta el mérito de aportar 1.000 millones en palancas, sabiendo que más de la mitad eran un cuento chino.
Por su parte, Eduard Romeu dejó también para la posteridad su propio manifiesto de la inmoralidad y falta de ética en el diario Sport, cabecera laportista también por excelencia que no dudó en allanarle a Laporta el camino hacia el segundo cierre consecutivo con pérdidas, el quinto si no se contabilizan las palancas. Romeu, en defensa de Laporta y desde su dimisión cobarde cuando temió aparecer y ser cazado en alguna de las demandas judiciales que ya avanzan silenciosamente por el entorno del club, destacó que «el club ha obtenido por segunda temporada consecutiva un resultado ordinario positivo. Con 994 millones de euros de ingresos y una contención de costes».
Naturalmente, sumándose a esa «recuperación económica» de la verborrea y de la propaganda laportista diseñada para la asamblea de este año, lo que hace Eduard Romeu -su especialidad, por otra parte- es mentir de forma incalificable y miserable, burlarse de los socios y de su propia credibilidad contra la palmaria realidad de una memoria económica oficial, y de los informes de auditoría, que cifran y constatan, incluso con maquillaje, trampas contables y adulteración de las cuentas, un incremento del patrimonio neto negativo del FC Barcelona de 150 millones en las dos últimas temporadas a causa de las pérdidas registradas en el ejercicio.
En cuanto a la «contención de costes» de la que presume, la realidad pervierte y subraya su indignante y repulsivo análisis, pues si es cierto que LaLiga -no la voluntad ni el sentido del equilibrio de Laporta, carente de ambos- le viene prohibiendo gastarse en fichajes el dinero que no tiene, evitando así -LaLiga, no la directiva- el despilfarro de 2022 en refuerzos, Laporta se ha gastado en el último ejercicio 100 millones más que el año pasado en no se sabe qué. Si hay récord de ingresos comerciales, mejora sustancial en las taquillas y ese freno salarial del que tanto presumen Laporta y Romeu hasta los 994 millones de ingresos, entonces, ¿cómo es posible perder 17 millones, además de esconder otros 80 millones de déficit en las cuentas cerradas -inadmisible- de 2024? Porque mienten, engañan y manipulan.
El peligro es que tanto Jaume Guardiola como Eduard Romeu tiene aspiraciones electorales. Mucho peligro ciertamente.











