Donald Trump ganó las elecciones a la Casa Blanca con la promesa de “volver a hacer grande América” (MAGA). Según dijo, esto significaba que concentraría su acción en los asuntos internos de su país, para impulsar la economía y recuperar la pujanza industrial perdida, con el deseo explícito de desentenderse lo máximo posible de los asuntos internacionales, al contrario de lo que habían hecho sus predecesores en el cargo.
Pero si algo hemos aprendido de Donald Trump es que es una persona caprichosa e inestable, que miente sin ningún pudor y que, por lo tanto, no es de fiar. Su supuesto “no intervencionismo” en la política internacional es, como podemos constatar, una falacia, y está permanentemente vulnerando y alterando el orden mundial, con un estilo grosero, provocador y autoritario.
El presidente de Estados Unidos ha decidido convertirse en el emperador de la Tierra y, esta vez, ya no engaña a nadie. Se ha cargado la tradición del Partido Republicano -que fue quién le apoyó–, ha destruido los equilibrios democráticos y sociales de su país y ha convertido el movimiento MAGA, que cuenta con ramificaciones internacionales, en su bastión político particular, al servicio de sus obsesiones y de su delirio imperialista.
No nos equivoquemos: MAGA es el partido nazi del siglo XXI y Donald Trump, si no le paramos los pies, quiere ser el nuevo führer planetario. Esta historia ya nos la conocemos y sabemos muy bien las catastróficas consecuencias que tuvo la condescendencia inicial de los países democráticos con Adolf Hitler.
La respuesta tiene que ser sencilla, clara y contundente: fascismo nunca más, ni aquí ni en ninguna parte. Por eso, hay que apoyar las movilizaciones cívicas que se están organizando en Estados Unidos contra la deriva tiránica de su presidente y combatir de cara a las filiales de MAGA que nos aparecen a escala local. En nuestro caso, Aliança Catalana y Vox.
En el avance de la civilización hacia una humanidad unida y fraternal, nos vuelve a aparecer el monstruo del fascismo. Hoy como ayer: cortémosle los pies y el cuello.






