Una injerencia impresentable del ‘cuñado’ de Laporta cuestiona la jerarquía de Flick

Con permiso del presidente del Barça, Alejandro Echevarría obligó al entrenador a devolver al once titular a Lamine Yamal ante el PSG después de castigarlo con la suplencia por llegar tarde al entrenamiento, y no era la primera indisciplina del joven crack azulgrana

Equip titular del Barça contra el PSG (FC Barcelona)

Las derrotas forman parte del deporte y, especialmente, de la formación y del aprendizaje en el proceso de crecimiento de un jugador, y también de un proyecto como el del actual Barça, inequívocamente asociado a la explosión precoz de un futbolista que ya es, según las webs especializadas, la mejor y más cara estrella del momento, Lamine Yamal.

Será clave para ambos, el delantero y el club, que su desarrollo en paralelo, con la mirada puesta en el esperanzador horizonte augurado por el barcelonismo, no vuelva a sufrir el tipo de injerencia que ha trascendido por parte de un personaje tan peligroso, sutil, manipulador e invisible como el cuñado de Joan Laporta, Alejandro Echevarría, actor principal y tenebroso de una historia reciente de terror interno en la órbita del vestuario, no se sabe aún con qué alcance y trascendencia en el futuro.

Los hechos se produjeron, según el relato de Joan Fontes -Dongcast en la red social X-, que nadie ha salido a desmentir, en la tensa previa del Barça-PSG de Champions, con origen en el retraso de Lamine Yamal a la sesión de activación física -un entrenamiento indoor de escasa intensidad- habitual en los partidos nocturnos, como el de Montjuic del pasado día 1 de octubre.

El personaje protagonista de aquella jornada, Alejandro Echevarría, de facto el mandamás en la órbita del día a día del primer equipo, entró en acción cuando la cúpula presidencial supo del incidente de Lamine Yamal, que no es el primer desacato al entrenador delante del resto del equipo, y de su inevitable consecuencia: que no sería titular ante el PSG en aplicación del código de disciplina del entrenador, Hansi Flick, que castigaría a su jugador con la suplencia en el partido inmediato a la infracción, de carácter grave para el libro de estilo del técnico alemán.

La alarma ante la posibilidad de jugarse un montón de dinero y no poco prestigio frente al campeón de Europa sin Lamine Yamal cundió entre la aristocracia laportista, y fue Alejandro Echevarría quien tomó las riendas del asunto, decidido a que Hansi Flick reflexionara al respecto. El cuñado, franquista por naturaleza como Laporta, mandó a su socio en muchos negocios desde hace años, Deco, a lidiar con Flick con la orden irrevocable de arreglar las cosas para que Lamine Yamal reapareciera en el once titular.

Deco presionó a Hansi Flick lo indecible hasta imponerle el regreso de Lamine a la titularidad, en un giro que a los ojos del resto del equipo solo pudo interpretarse como lo que era, mitad debilidad del entrenador, mitad injerencia propia de quienes actúan ordinariamente con ese tic totalitario y despótico, como Echevarría y Laporta. El presiente aparece como que no fue él quien forzó el ridículo del entrenador delante de la plantilla -aunque lo consintió, desde luego- y Deco, como el ejecutor de quién sabe qué clase de amenazas y de presiones sobre el técnico para dejar sin efecto una medida disciplinaria cuya excepción con Lamine Yamal mina, pervierte y relativa su autoridad de puertas a dentro del vestuario.

Mal asunto si este hecho puede derivar en que el grupo deje ver a Hansi Flick como un entrenador justo, serio y capaz de medir y de castigar, si procede, a todos con el mismo rasero.

Alejandro Echevarría, sin cargo, pero con poderes del presidente para forzar una situación de esta magnitud, y puede que de peores consecuencias que haber perdido igualmente el partido de Champions contra el PSG, arruinó la oportunidad de que Lamine Yamal no solo pudiera aprender una buena lección, probablemente necesaria y oportuna a su edad. También se cargó el complejo trabajo de más de un año de Hansi Flick, intentando aislar a tantas figuras mundiales del fútbol de la pésima influencia y del peso de sus egos en su conducta diaria dentro y fuera del campo. Sin la patada en la puerta del cuñado, echando por tierra la autoridad y el respeto a la figura del entrenador, probablemente Lamine Yamal habría digerido el castigo, como antes lo hicieron Koundé y el propio Raphinha, saliendo como aviones en la segunda parte de sus partidos de castigo por llegar tarde.

El problema es que Hansi Flick ya le había perdonado a Lamine Yamal actos de descaro anteriores, como en la concentración de la final de la Copa, en la que se comportó como un niño malcriado en el comedor, en la cena oficial de celebración de los títulos del año pasado, cuando se la saltó y se fue a Madrid sin permiso, y, desde luego, en el caso esperpéntico de su fiesta de cumpleaños, presentándose sin dormir a las pruebas médicas tras una noche loca en una exhibición pública de que su mayoría de edad está todavía muy lejos de que ejercer una influencia positiva en su escala de valores.

Casualidad o no, ciertas o no, las molestias de pubis reaparecieron tras la funesta noche europea ante el PSG y Lamine Yamal ya no jugó frente al Sevilla en una decisión de Hansi Flick que más bien pareció de venganza contra el seleccionador Luis de la Fuente por volverlo a convocar contra Georgia y Bulgaria. Y de castigo al propio Lamine por forzar la máquina en el parón anterior y aceptar jugar infiltrado ante Turquía por la absurda razón de intentar arañar votos para ese Balón de Oro que, hacía semanas, había ganado Dembélé. Una infantil y desafortunada aventura por parte del joven delantero azulgrana, estimulada igual de estúpidamente por su agente, Jorge Mendes.

El caso es que el equipo de Hansi Flick acabó jugando el peor partido de su etapa ante el Sevilla (4-1) y cediendo el liderato ante el Real Madrid. En palabras del propio firmante de la información exclusiva sobre la terrible actuación de Alejandro Echeverría, Joan Fontes en Medium.com, «el Barça capeó el temporal como pudo ante el PSG y sucumbió de la peor manera en Hispalis, donde mostró su peor y más errática versión. El equipo navegó y, por primera vez, Hans-Dieter Flick no ofreció respuestas a sus pupilos a las preguntas que se le iban proponiendo en el verde césped. Los jugadores al término de sendos envites entonaron el mea culpa y parecía claro que se cerraban filas para salir del bache tanto en Europa como en la competición doméstica. Muchos medios, aún sabedores del entuerto se han significado rápidamente haciendo hincapié en la reunión -el pasado lunes- de Flick con el equipo de fisioterapeutas y recuperadores del club, pero la figura del nibelungo ha quedado muy tocada, al punto de tomar distancia y viajar por unos días a su país para tratar de recomponerse, tomar aire y continuar».

De acuerdo con sus fuentes, «de momento y por si fuera poco, Hansi se plantea terminar esta temporada su vínculo con el cuadro azulgrana y Echevarría y sus acólitos ya manejan nombres para su reemplazo; Sylvinho, Belletti y Giovanni van Bronckhorst componen la primera terna».

Lo que menos le conviene a Laporta ahora mismo es, precisamente, que se le caiga el equipo, que ni se resfríe, sobre todo ante un horizonte electoral en el que su figura arrolladoramente ganadora solo perdería votos a lo grande si Hansi Flick o Lamine Yamal, sea por separado o juntos, no le aportan títulos. O, cuando menos, llegan a abril con las mismas buenas sensaciones de la última primavera. Cuidado con reducirlo todo al entrenador y a la estrella, y no contar con que el vestuario sea feliz. Eso no lo arreglaría ni Alejandro Echevarría con su policía.

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