Estos días nos enteramos del adiós a la política de una de las concejalas históricas y más jóvenes del Ayuntamiento de Barcelona. La marcha de Janet Sanz es una muy importante noticia que jamás tendrá bastante eco en los medios de comunicación tradicionales, por desgracia ahora acostumbrados a tratar la información para que se olvide a la mañana siguiente, lo que impide digerirla o entenderla.
La concejala de Barcelona en Comú fue uno de los pilares del cambio de 2015. En la Historia de Cataluña pocos partidos han logrado tan de prisa el poder. Los antecedentes, la formación de Ada Colau nació en enero de 2015 y ganó las elecciones de ese mayo, serían la Lliga Regionalista de 1901 y ERC en la primavera de la Segunda República, prueba de la trascendencia del fenómeno, rodeado de polémicas en las investiduras de la alcaldesa, pero con un legado notable pese a muchos errores, entre ellos el de no trabajar bien los barrios.
Sanz pudo ser la sucesora de Colau, pero el personalismo de esta impidió que surgiera una alternativa a su liderazgo. Esto ahora lo pagamos todos en una capital catalana comandada por un político sin mucho interés en cambiar la ciudad, que aplica las obras de los Comuns y destroza su herencia con total impunidad, como en Pi i Margall, retornado al asfalto puro y duro, como si no existiera el cambio climático y no gobernaran los socialistas.
En fin. La concejala que dice adiós ocupó cargos decisivos durante dos legislaturas. En la primera fue una especie de súper ministra municipal que ostentaba transportes, sostenibilidad y urbanismo, al fin y al cabo nada extraño si analizamos como todo, por aquel entonces, como debe ser, se hilvanaba a fondo. De repente, con un predecesor claro y olvidado como Jordi Hereu, el verde empezó a brotar, nacieron nuevas palabras para el léxico ciudadano y se pensaron reformas consecuentes con el siglo.
Dos de ellas se logran, realizándose demasiado tarde. No lo digo desde la opinión, siempre tan precaria, sino por una charla con nuestra protagonista. La Via Laietana y el Eixample debían mutar en 2020 por una cuestión obvia: Es mejor si se emprenden las grandes obras cuando aún queda tiempo para las elecciones pues así es como la gente las omite y acepta.
Con ella fuera de juego parece que se postule como candidato a la Casa Gran un hombre con mucho recorrido en los Comuns, pero no sé si bastante fuerza: Gerardo Pisarello. ¿Puede ganar los comicios de mayo de 2027? Lo dudo muchísimo, pero al menos ya pueden poner sobre el tapete un nombre reconocible, con cara y ojos, para combatir a Collboni, el alcalde sin carisma alguno que, al menos hasta la fecha de este artículo, campaba ufano sin adversarios, entre otros factores porque ningún ciudadano conoce el nombre de sus representantes en Sant Jaume.
Hace ya muchos años, me pasa un poco como a Janet Sanz, que tengo presencia en Barcelona y sé bastantes cosas, pero como ni socialistas ni comunes aceptan críticas o autocríticas jamás han aceptado mis sugerencias para mejorar la ciudad y hacerla más de las personas y no tanto de BCN. A Pisarello le recomendaría de todo corazón que fuera barrio a barrio, que pisara calle para dejar tras la desprestigiada camisa de político al uso y se preocupara por comprender el terreno y los que lo habitan. Puede ser precioso elucubrar desde un despacho, pero en Barcelona si quieren recuperar el bastón de mando deben ir donde los socialistas no quieren que se hable, lugares invisibles en la prensa, inexistentes para el grueso de la población, curiosamente los mismos que, en una u otra latitud, los viven.
Si Pisarello mueve esta ficha quizá recupera un espíritu que los Comunes tuvieron en sus orígenes y nunca aplicaron, el mismo aliento que Janet Sanz pudo tener sin darse cuenta.






