El aparato laportista, nervioso, lanza una campaña salvavidas de emergencia

Las redes del régimen han lanzado una ofensiva señalando a los enemigos del club (LaLiga, RFEF, UEFA, Ayuntamiento, Crowe y la oposición) para imponer el relato del presidente: "Contra todo y contra todos"

El presidente del Barça, Joan Laporta

La múltiple y diversificada incapacidad del presidente del Barça, Joan Laporta, para la gestión está acumulando frentes, líos y conflictos como nunca en este tramo final del mercado de verano, salpicado no sólo por la odisea de las inscripciones, el déficit crónico del fair play, la incertidumbre sobre dónde jugará el primer equipo esta temporada y la demostrada inutilidad de Limak para acabar, aunque sea por fases cada vez más reducidas, un sector de la reforma del Spotify Camp Nou. También surgen dudas, más bien sombras tenebrosas y pesimistas, sobre el resultado económico de un ejercicio que Laporta pretende mantener abierto sine die contra la disciplina y la normativa contable que fija el cierre en la fecha del 30 de junio.

El espectro del fracaso es de tal envergadura que el bullicioso aparato digital y mediático que protege a Laporta se está volcando en una campaña excitada, frenética y fanatizada de exaltación, defensa, halago y proclamación de su figura como el mejor presidente de la historia del Barça. Con el «Contra todo y contra todos», la Gestapo laportista está construyendo un mundo nuevo y feliz para el barcelonismo cada vez más amplio, o resignado, que le está comprando este relato en el que Laporta y el Barça son las víctimas de una conspiración mundial en su contra.

La realidad es que, dos meses después del teórico cierre económico, el auditor está a punto de tirar la toalla porque a Laporta no le cuadran las cuentas ni está dispuesto a aceptar el criterio de Crowe en los aspectos más relevantes del curso. La operación de los asientos VIP, valorada en 100 millones de ingresos, amenaza con reducirse a poco más de 3 millones, del mismo modo que el ajuste pendiente de las palancas fantasma (Bridgeburg Invest y Locksley Invest) se mueve en un abanico de pérdidas de unos 300 millones y las finanzas pintan tan mal que los 45 millones de la multa de la UEFA deben aprovisionarse una vez pagado el avance de 15 millones por la violación sistemática de la normativa de control financiero.

Con razón Laporta no llega al 1:1 en materia de fair play, circunstancia que, además, reduce el aprovechamiento de los 70 millones de rebaja salarial de las transacciones diversas (cesiones, liquidaciones, ampliaciones de contrato y traspasos) realizadas a lo largo del verano y que ha obligado a la junta a avalar 7 millones de alto riesgo si no se corrige esta enfermedad crónica.

El miedo es que con la caída de los asientos VIP, si no se produce un giro radical en el criterio del auditor, el resultado del ejercicio presente nuevas pérdidas en un momento tan crítico en el que la posibilidad de nuevos retrasos en la apertura del Spotify pondría a Laporta a los pies de los caballos de Goldman Sachs, la financiera implacable que puede intervenir la explotación del estadio por encima de la propia directiva si el modelo de negocio previsto no empieza a generar beneficios a partir de enero.

A la desesperada, las inscripciones menores de los futbolistas que Hansi Flick necesita son el resultado de gestionar traspasos de juveniles y de ampliar peligrosamente contratos (Koundé, Iñaki Peña, Frenkie de Jong) que, como ha pasado con Ter Stegen, liberan salarios en la urgencia del momento a cambio de acumular más años y más nómina en los años siguientes. El ejemplo del portero alemán, con 33 años, 500 millones de cláusula, contrato hasta 2028 y con lesiones traumáticas cada vez más graves y encadenadas, es el paradigma de esta práctica laportista que conduce directamente a otro callejón sin salida.

Asuntos como la posibilidad de volver a Montjuïc, un paso atrás que Laporta y el Barça no se pueden permitir, se ha envuelto tanto que convergen la gestión de las miserias, como las altas de Gerard Martín o Roony Bardghji, microfichas que al presidente le provocan migrañas vergonzosamente gigantes, y las macro complicaciones de no disponer de un estadio para jugar el primer partido en casa contra el Valencia ni, por ahora, el resto de competiciones.

Una campaña contra todos

Como buen agitador, un elogio y reconocimiento incompatible con la integridad y el talento de alguien con la enorme responsabilidad de dirigir el Barça con rigor, eficiencia y sentido de club, Laporta y su entorno venenoso de palmeros y paniaguados están inundando las redes con insultos, acusaciones, vejaciones, las falsedades que sean necesarias e, incluso, el recurrente y gastado comodín de la herencia de Josep Maria Bartomeu y del barto-rosellismo como el mal en la sombra que sigue moviendo los hilos. Mensajes contra LaLiga; Javier Tebas; la Real Federación Española de Fútbol (RFEF); el Ayuntamiento de Barcelona; la UEFA; el auditor -los de antes y los de ahora-; la oposición; los mismos socios disidentes; y todo aquel elemento susceptible de formar parte de la gran maquinación urdida para negarle a Laporta el mérito ‘indiscutible’ de «haber sacado al Barça de la ruina y de haberlo vuelto a poner en la primera línea de la alta competición».

Por lo que se puede leer y deducir de los contenidos de este tipo de salvavidas para el presidente es evidente que este colectivo pretoriano, lejos de emplear sólidos argumentos, datos infalibles y una confianza ciega en su héroe, destila nerviosismo, crispación, miedos y una idea muy clara sobre la idoneidad de traspasar a Fermín López al Chelsea, porque sin esta venta Laporta está contra las cuerdas. El problema, igualmente, es que si no es por más de 70 millones, la operación no evita la vergüenza de continuar con el fair play excedido.

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