Laporta desafía al Ayuntamiento de Barcelona para abrir el Spotify sin licencia municipal

Ha activado una campaña para un posible evento en Les Corts el 10 de agosto, que la prensa ha interpretado como el Gamper, mientras el alcalde le advierte que no habrá permisos hasta que acaben totalmente las obras de la primera fase

Las obras del nuevo Camp Nou - Foto: FC Barcelona

La cuenta atrás del regreso al Spotify ya se ha convertido, por culpa de las urgencias y de la negligente gestión de la junta de Joan Laporta, en otra polémica que ha puesto al Ayuntamiento de Barcelona en el disparadero y en el centro de una polémica susceptible de ensuciar y afectar a la imagen y gobernabilidad del gobierno municipal de Jaume Collboni.

El nuevo conflicto se produce porque a Laporta no se le ha ocurrido nada mejor que anunciar públicamente el regreso al Spotify para el 10 de agosto en respuesta a la actitud del Ayuntamiento de Barcelona de no conceder anticipadamente ninguna licencia de apertura para la primera y segunda grada hasta no recibir, por parte del club, la certificación de final de obra de acuerdo a los permisos de obras, licencias y MGPM aprobado para la reforma del coliseo azulgrana.

Por tanto, hasta que Limak no concluya esta primera fase en su totalidad los técnicos del Ayuntamiento no iniciarán la comprobación de los accesos, circulación, evacuación y seguridad antes de otorgar el certificado de primera ocupación y la autorización para albergar partidos de fútbol con una presencia masiva de aficionados.

La posibilidad de que este proceso pueda prolongarse por algunas semanas más, o incluso meses, y retrasar los planes de vuelta al estadio de Laporta, fue la espoleta que activó desde el club la apariencia, puede que falsa, de que el Trofeo Joan Gamper se disputará el 10 de agosto próximo. Falsa según se mire, pues a pesar de que los medios interpretaron como oficial que el anuncio de que el tradicional torneo de verano azulgrana se disputará en esa fecha, en realidad no existe ninguna comunicación del Barça en este sentido, solo una campaña audiovisual reforzada por un vehículo pickup cargado de bafles y un mensaje alusivo, «Volvemos a Casa. Vibramos», sobre la imagen del césped con un 10.08.25 recortado. Nada concreto sobre el Gamper.

Igualmente, la respuesta del Ayuntamiento, cauta y sin demasiado ruido, ha sido la de ignorar y driblar elegantemente esa especie de desafío y demostración de fuerza de Laporta, quien personalmente aparece en la campaña siendo el primero en pisar el césped del estadio anunciando el esperado regreso. Mientras tanto, en la web oficial del club, en el apartado de entradas, solo se invita a socios y aficionados a enviar sus datos para ser los primeros en recibir información sobre el precio y las condiciones para adquirir localidades cuando se reabra el estadio, sin fecha ni rivales ni nada que pueda sugerir la celebración del Gamper.

En ese juego de estrategias, la primera en hacer sonar la alarma ha sido Laia Bonet, primera teniente de alcalde y responsable de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona, concretando que «cuando hayan acabado las obras podremos entrar a ver si el estadio está en condiciones de poder acoger público en este espacio». «Las obras tienen que estar terminadas en tiempo y forma para poder pedir la licencia de primera ocupación provisional para la apertura de la primera y segunda gradas. Hoy no estamos en este momento y necesitamos tiempo para poder comprobar una vez acabadas las obras que el estadio está en condiciones para poder albergar público», ha dicho, evitando confirmar que el estadio esté listo para acoger a 60.000 espectadores el 10 de agosto.

El propio alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha precisado este fin de semana que el Ayuntamiento de Barcelona tratará la solicitud del FC Barcelona como cualquier otra obra en la ciudad, sin excepciones ni trato preferencial. Collboni ha subrayado que el club debe solicitar formalmente la licencia de apertura y, una vez presentada, los expertos realizarán la inspección pertinente, especialmente en materia de seguridad. «Nosotros haremos como con cualquier otra obra. Nos han de pedir licencia de apertura y luego el Ayuntamiento hacer la inspección, especialmente desde el ámbito de la seguridad, para ver si todo está correcto. Que yo sepa, aún no se ha dado esta petición», ha manifestado.

Unas horas antes, la vicepresidenta institucional del Barça, Elena Fort, había declarado en diferentes medios, y no casualmente, que «Ayuntamiento y Bomberos lo saben todo», dando prácticamente por tramitado y resuelto todo el papeleo previo a la apertura. De hecho, la propia Elena Fort dejó a Collboni por medio embustero el domingo en La Vanguardia, asegurando que «no hay información para pensar que no podamos abrir el Spotify Camp Nou ahora».

A un mes y diez días de esa fecha del 10 de agosto, la directiva de Laporta le aprieta las tuercas al alcalde en medio de un panorama que replica esa permanente incertidumbre que, desde el arranque del curso pasado, planeó sobre el cómo y el cuándo se iba a producir el esperado momento de la vuelta a casa, acontecimiento que se fue posponiendo y aplazando por la obstinada imposibilidad del ritmo de las obras en Les Corts, y contra la no menos falsa y reiterada insistencia de la junta de Laporta en que el primer equipo no acabaría la temporada en Montjuic. Proceso que siempre se desarrolló como una mentira más, consciente y premeditada, porque de cara a LaLiga, Laporta le había asegurado a Javier Tebas que desde enero en adelante los ingresos aumentarían tras abandonar Montjuic y los gastos se reducirían también sustancialmente por el ahorro del alquiler del Lluís Companys.

Además, por puro sentido común, no cuadra que, por un lado, el Barça pida retrasar el inicio de la Liga y de la Champions a LaLiga y a la UEFA; y, por otro, promueva a toda prisa esa reapertura el 10 de agosto sabiendo que desde el Ayuntamiento ya le han avisado de que el Gamper no podrá disputarse en el formato que filtra la junta a los medios, con 60.000 espectadores.

¿Por qué, pues, se reproduce el mismo repiqueteo mediático desde la directiva sobre el inminente, definitivo e inaplazable inicio de la temporada 2025-26 en el Spotify, de pronto envuelto de nuevo en especulaciones más que razonables sobre más retrasos?

Los problemas para Laporta son dos. El primero es que, dando por hecho que LaLiga le puede fijar los tres primeros partidos fuera de casa para acabar de darle los últimos retoques al estadio, necesita poder jugar el primer partido de Champions en un recinto con plenas garantías de seguridad, incluido el 5% reservado a la afición visitante, sin posibilidad de ir cambiando de estadio hasta que se complete la fase de liguilla. Y el segundo es que no puede saltarse el compromiso con Goldman Sachs de operar al 100% las zonas de hospitality a partir del 1 de enero ni tampoco dejar de abrir el estadio en el arranque de esta temporada.

Laporta ha escogido la peligrosa estrategia de presionar al Ayuntamiento para que, sea cual sea el estado de las instalaciones, le permita reabrir para, al menos, dar ahora la sensación de poder albergar partidos de Liga y de Champions con normalidad. El insinuar que el Gamper podría jugarse el 10 de agosto no ha sentado bien en el gobierno municipal, pues Laporta no dudará, desde este momento, como ya ha hecho Elena Fort, en señalar a Jaume Collboni como el malo de la película si no llegan los permisos a tiempo de evitar la catástrofe que supondría tener que reabrir Montjuic porque el Spotify aún no es apto para la competición en cuestión de dos meses o tres.

La afición barcelonista debe saber que lo menos importante en este nuevo duelo al sol entre Laporta y el Ayuntamiento es precisamente el Gamper, convertido en un instrumento ocasional para este pulso de poder que Laporta necesita ganar como sea, acorralado por los mil problemas que arrastra y que no hacen más que complicarse y perjudicar al Barça institucionalmente cada día más.

¿Cómo acabará el caso? Puede que el Ayuntamiento le acabe permitiendo realizar una prueba carga y lo más parecido a una reapertura limitada a pocos miles de espectadores en forma de ensayo privado, interno y puramente técnico por esas fechas mientras el Gamper se juega en el Johan Cruyff de Sant Joan Despí debido a que Montjuic está de concierto esos días. Otra maniobra de distracción e ilusoria está en marcha y mantiene a la prensa entretenida.

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