‘¡Apaga y vámonos!’

Bluesky

Hay una expresión castellana que resume la desesperación del apagón: ‘¡Apaga y vámonos!’. Tiene su origen en un cuento narrado tradicionalmente en el pueblo de Pitres. Hace siglos, dos clérigos de este municipio granadino, aspirantes ambos a una plaza de capellán, hicieron una apuesta a ver quién celebraba la misa en el menor tiempo posible. Uno de ellos inició la misa diciendo: «Ite, Missa est», fórmula litúrgica que precedía a la bendición final. El otro, impasible, se giró hacia el monaguillo que sujetaba la vela y exclamó: «¡Apaga y vámonos!, que ya está dicha la misa». En cualquier caso, la exclamación indica que algo ha terminado. En castellano se usan otras expresiones de significado similar: No hay vuelta atrás; se acabó; no hay nada más que hacer; ya está, no hay más; es el fin…

La sensación de aquel último lunes de abril era que se había acabado algo. Hasta entonces, España se venía arriba con la robustez de su sistema eléctrico, comparándolo con la debilidad de otros países. Han pasado los días y ha quedado claro que aquella fortaleza no era tal y que el sistema tiene brechas que habrá que revisar, quizá no a la velocidad imposible que reclama ahora Alberto Núñez Feijóo, pero tampoco con la parsimonia ejercida hasta ahora por el presidente Pedro Sánchez, que el miércoles decía y no decía en el Congreso.

Poco antes del espectacular apagón, vi en Netflix la película Dejar el mundo atrás (Leave the World Behind). El film explora un escenario apocalíptico en el que el mundo se ve afectado por un ciberataque. Me llamó la atención que entre los productores estén el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su esposa Michelle Obama. Están porque ambos les preocupa la dependencia de la tecnología y la vulnerabilidad del mundo ante posibles acontecimientos catastróficos. No es la única película que aborda la temática. Por otro lado, en la misma plataforma, también estoy viendo una serie protagonizada por el gran Robert De Niro, Día Cero, donde se pone sobre aviso de los peligros de un apagón generalizado, como el sufrido en la península Ibérica.

Paradojas de la vida, sea por ciberataques, por fallas del sistema o por negligencias, lo que queda claro es que la dependencia tecnológica, aparte de facilitarnos muchos trabajos, nos hace más vulnerables. Fuera bueno que el apagón vivido hace unos días sirviera para algo más que para que los políticos se tiren los platos por la cabeza. Debería servir para tomar conciencia de esta vulnerabilidad y para que todos los políticos, de aquí y de allá, se pongan a trabajar juntos para preparar a la sociedad para cuando vuelva a pasar, porque aquí o allá volverá a pasar. Pero, visto cómo ha cambiado la sociedad después de la pandemia de la covid, nada me hace ser optimista; ya se sabe que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, y tres…

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