Nací y vivo en Igualada, y el miércoles hizo cinco años que me confinaron, a mí y a unos 70.000 habitantes más, los de una zona de Cataluña que hemos convenido llamar Conca d’Òdena. Fuimos o servimos de conejillos de indias de un cierre que pronto se generalizaría. Todo por un bicho —coronavirus— que clavó su aguijón en este territorio, causando muerte y destrucción. Cuando todo ello todavía era una anécdota para la mayoría de los catalanes, la entonces consejera de Salud, la igualadina Alba Vergés anunció con voz pequeña y entrecortada el cierre perimetral de la Conca por un brote en el Hospital de Igualada, ahora universitario, que pronto se desbordó. Y comenzó el infierno. Para aportar un solo dato, en apenas un mes y medio de presencia del virus las muertes aumentaron un 200% —muertes que no podíamos despedir.
De aquello solo han pasado cinco años, un lustro, y parece que haya transcurrido una eternidad. Cerrados en casa —íbamos al supermercado y poco más—, salíamos puntuales cada día a las ocho a los balcones —los afortunados que teníamos— a aplaudir a los sanitarios, convertidos en auténticos hércules, que sacaban fuerza de la nada. Les prometimos que aquello nunca lo olvidaríamos, y lo hemos olvidado. Hablaba hace nada con una de aquellas heroínas, una médica de familia de la llamada zona cero, que me lo confirmaba sin esconder la decepción: «lo hemos olvidado del todo». No solo hemos dejado de aplaudirles, sino que han aumentado en un 28% las denuncias por agresiones y amenazas de los (¿im…?) pacientes a los profesionales sanitarios.
Además, estimo que no solo los pacientes hemos olvidado a los semidioses del coronavirus, a quienes ahora escatimamos los aplausos, también las autoridades (¿in…?) competentes regatean recursos para tratar de que lo del coronavirus, si nunca vuelve a pasar, nos coja más y mejor preparados. ¿O alguien se piensa que si viene otro virus, que vendrá, dígale covid o como quieras, no nos volverá a coger desprevenidos? Lo que dudo es que la sociedad, que en este lustro ha cambiado bastante, y no sé si para bien, se lo cogerá con esa docilidad.
Un anónimo escribía en las redes sociales durante aquel confinamiento: «De esta salimos o locos o invencibles». Pues, eso.








