Errejón pudre el cesto

Bluesky

No se vio venir… Íñigo Errejón, con esa carita aniñada, casi angelical, de buen chico, de no haber roto nunca un plato, que habla catalán en la intimidad y a plena luz, no había despertado sospechas, al menos no desde platea. Hace una semana, descubríamos asombrados que el Peter Pan de la izquierda española, no solo ha roto un plato, sino que ha trinchado la vajilla entera; saltaba la liebre, Errejón era acusado de abusos sexuales. Es como si de repente descubres que el niño que nunca crecía abusó de su hada, Campanilla

Errejón ha salido de la política después de que aparecieran acusaciones de acoso machista contra su persona. Él que, desde que el 15-M lo catapultara a la política, pregonaba y aleccionaba día sí y día también sobre la igualdad, ha resultado ser, o de eso le acusan, un depredador sexual. Errejón, que durante todos estos años ha martilleado recurrentemente el no es no, pensaba en realidad que el no de las mujeres era un sí, al menos cuando a él le convenía.

Unos lo sabían, otros lo sospechaban, pero nadie movió un dedo para apartar la manzana podrida de la cesta. Ahora todo son lamentaciones. Desengañémonos, la cesta huele a podrido. Desde que riñó con Pablo Iglesias en Podemos, Errejón se aferraba a la política, primero con Más Madrid, y después Sumar. Yolanda Díaz le fichó porque habla bien y porque, no nos engañemos, en su deriva fratricida, así molestaba a su génesis, Podemos, y el disparo les ha salido por la culata.

Errejón se añade al caso Koldo, un asunto de corrupción pandémica, que salpica de lleno al exministro José Luis Ábalos, otrora mano derecha del presidente Pedro Sánchez. Entre Errejón y Ábalos, y las estrecheces numéricas del gobierno de izquierdas, el carro de la legislatura de Sánchez se ha ido por el pedregal.

El descubrimiento del abusador Errejón no puede saldarse solo con unas simples disculpas, y pronunciadas con la boca más o menos pequeña. “Llegar tarde” en un tema tan delicado como el que nos ocupa, debería comportar una mayor asunción de responsabilidades. Alguien por encima de Errejón, y el margen es estrecho, debería dimitir, y debería hacerlo para dejar claro que, en temas como este, lucha abanderada tradicionalmente por las izquierdas, no vale llegar tarde, y si se llega, hay que asumir las consecuencias. ¿Con qué espíritu, quienes quieren y defienden la igualdad, irán a votar a Sumar las próximas elecciones?

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