Profesor de educación infantil. Actualmente trabaja en la consejería de Educación de la Embajada de España en Marruecos. También es doctor en Educación. Autor de varios trabajos sobre el sistema escolar, ahora publica Educafakes. Cincuenta mentiras y medias verdades sobre la Educación española (Capitán Swing).
¿Por qué cincuenta mentiras y medias verdades sobre la educación española y no, por ejemplo, veinte?
La gestación del texto tiene mucho que ver con Twitter. Como usuarios activos del medio, pronto nos dimos cuenta de que había muchos mitos y medias verdades que aparecen sistémicamente. Cada vez que se publicaba el informe PISA, surgían una serie de mentiras relacionadas con él. Cuando empezaba el curso, proliferaban mentiras que se repiten cada año. Había que intentar sistematizar todas estas mentiras y medias verdades. Entonces empezamos a hacer un trabajo, digamos, inductivo. Empezamos a recopilar posibles mitos que, al principio, pensamos que podríamos agrupar en una decena. Pero cuando nos dimos cuenta de que teníamos casi 60, pensamos que en algún momento había que parar. Así, decidimos dejarlo en 50 y, si fuera necesario, hacer una segunda versión.
Algunos de estos mitos, como el que la enseñanza privada es mejor que la escuela pública, parecen mantras intemporales. Otros, no obstante, son de recientísima creación. ¿Cuáles predominan?
Tenemos mitos viejos y nuevos, pero nos hemos dado cuenta de que algunos antiguos mitos se reactualizan, y otros mutan. Por ejemplo, en España no hay tanto dilema público-privado como público-concertado, que es la realidad. Una cosa que no es propia del sistema educativo español. Existe en Inglaterra, Noruega, Japón, Estados Unidos…, pero España tiene su propia idiosincrasia. El mito viene de lejos, pero con nuevas resignificaciones. Otro mito es el de la caída del nivel educativo. Cuando lo estábamos documentando, nos dimos cuenta de que tal cosa parte del mismo origen de los sistemas educativos. Siempre se ha pensado que la educación iba a peor. En muchas culturas y escenarios. Un mito muy viejo y muy presente, sin embargo, en el debate educativo.
¿Entre las características propias del sistema español, tiene una significación especial el papel de la Iglesia católica?
Una de las singularidades del sistema concertado español es su tamaño. En muchos países existe, pero es minoritario. En España, en cambio, es muy grande. Otra característica propia, está claro, es que está muy vinculado a la Iglesia. Gran parte de los centros concertados pertenecen a ella. De hecho, señalamos como, en muchos casos, la Iglesia actúa como un lobby con sus propios intereses en el sistema educativo. En el libro tratamos de llamar la atención sobre el hecho de que esto no es habitual en otros países.
Decís en el libro que la educación es política. Sin embargo, las alternancias políticas no parece que impacten mucho. ¿Domina el consenso sobre la diversidad, en políticas educativas?
Cuando decimos que la educación es política nos referimos, de alguna manera, al hecho de que hay corrientes que abogan por una educación “aséptica”, dando a entender que es la familia la que educa, y que en la escuela se enseñan elementos técnicos. Cosa que, simplemente, no es posible. La educación siempre es política en la medida en la que siempre transmite una serie de valores, actitudes, por acción o por omisión. En este sentido, la pregunta es qué valores se quieren transmitir, cuáles son respetables y aceptables en una sociedad moderna, y qué consenso social establecen. Una cosa que forma parte de la ideología. Hablamos también de derechas e izquierdas, no tanto en este plan, sino en el de los partidos. En algunas cuestiones hay una clara diferenciación entre la derecha y la izquierda, pero en la educación sí que es cierto que hay cierto consenso. Una cosa positiva en la medida en la que da estabilidad al sistema educativo. Pero, al mismo tiempo, impide que haya reformas de gran importancia. Con una tendencia, a mi parecer, en la que va ganando la visión la conservadora.
¿Los contenidos educativos dominantes siguen también determinados por una visión conservadora de la vida y las cosas o, por el contrario, tienden a innovarse?
En el libro no hemos profundizado mucho sobre este tema, pero apuntamos que si se tiene una percepción negativa sobre la educación (cosa que comparte mucha gente), es por unas expectativas crecientes. A la vez, le exigimos más a la educación formal. Si hacemos un repaso por la prensa, vemos que cada cierto tiempo aparece un titular diciendo que tal cosa tendría que ser un contenido educativo. El problema está en el hecho de que la ausencia de consenso sobre los contenidos lleva al hecho de que los niños y niñas tengan que aprender hasta los 18 años una multiplicidad enorme de cosas. Cada vez generamos nuevas demandas, y el sistema educativo no es capaz de proveerlas todas tan rápidamente. Se genera cierta frustración. Quizás sería mejor acortar el currículum, reducir el número de contenidos y darlos con más profundidad. Intentando que sean más profundos, duraderos, y con una utilidad en muchos planes de la vida.
Comúnmente se les atribuyen a los docentes muchos de los males de la educación. En consecuencia, ¿mejorar su estatus, sus condiciones laborales, su remuneración…, no sería una buena vía para arreglar las cosas?
No sabemos muy bien dónde está el origen de este mito, pero a través de la prensa hemos visto que surge una demanda social, como la cuestión de la pornografía, y enseguida se dice que se tiene que resolver a través de la educación, olvidándose muchas veces otros factores clave y otros agentes. Concluimos, porque siempre es el mismo patrón, que si no se hace bien en la educación es porque los docentes no están bastante formados. Parece evidente que los docentes no pueden ser especialistas en todo: educación financiera, control de las redes sociales… Por supuesto, que la formación de los docentes, como la de cualquier servidor público, es mejorable, pero en muchas cuestiones hay que ver todo lo que hay alrededor y, sobre todo, entender que la educación no es solo el aula de ocho a tres, sino familias, medios de comunicación, agentes sociales, políticos…
La opinión de que las cosas van a peor en la educación, ¿es una cosa propia de esta época o, por el contrario, forma parte y se vincula a corrientes de opinión, más bien conservadoras, de extrema derecha, que acaban culpando de esto a las mujeres, a los emigrantes…?
Efectivamente, nos damos cuenta de que existe añoranza por un tiempo que no existió. Cosa que en el debate educativo a veces se da por hecho. Fatalismo, nostalgia, que los indicadores educativos cuestionan radicalmente. Cuando se pregunta sobre el tema, la opinión se divide en un 50% y, en cualquier caso, nadie precisa cuando fue mejor, si en los años 50, los 70, los 80… Las estadísticas ponen de manifiesto que la educación española es ahora mejor en todos los aspectos. Otra cosa es que no estemos mejorando tanto como querríamos. La devaluación de la educación se atribuye a todo lo que ha cambiado: la educación era más dura y exigente; porque solo iban los que estaban más capacitados; porque tenemos más inmigrantes; por la situación de la mujer en el mercado laboral; porque esta presta menos atención al hogar…
¿Dónde estamos, pues, los españoles, a estas alturas, en el paisaje educativo global?
Otro mito que tratamos es que la educación española es mucho peor que en nuestros países homólogos. Pero los datos nos dicen que España está donde se espera que esté. Y, en cualquier caso, en una posición muy similar a la de nuestros vecinos europeos. En algunos casos, como en la educación infantil, somos un país líder. Hay buenos ejemplos de sistemas educativos, pero, a veces, al analizarlos se tienen en cuenta pequeños detalles más que su conjunto. Dentro de nuestro país también tenemos los buenos rendimientos en Euskadi, o la equidad y la eficiencia en Castilla y León.
Habláis en el libro de un sistema más justo, inclusivo, humano, respetuoso con la naturaleza, eficiente y útil, como vía de mejora del sistema educativo…
La educación tiene que tratar los principales retos a los cuales nos enfrentamos como sociedad, porque nuestros niños y niñas tienen que estar preparados para hacerles frente. El cambio climático, la desigualdad, los problemas raciales… son cuestiones actuales a las que la educación también tiene que responder. Una cosa que en algunos casos ya está definida en la ley. Una educación para la igualdad, la justicia, la libertad… Principios que parecen antiguos, pero no lo son, sino todo lo contrario.















