¿Y si sorteamos la presidencia del Barça?

Cuando era joven y era socio del Barça, pude votar una sola vez por la presidencia y voté nulo. Ninguna de las dos candidaturas (un constructor que acabaría en la cárcel y un pujolista), no eran de mi gusto. Si después hubiera seguido siendo socio, habría tenido la opción de votar varias veces, y no creo que mi decisión hubiera cambiado. Las restricciones que tienen los socios y socias «normales» para aspirar a la presidencia hacen que el abanico que se ofrece esté limitado a un perfil muy estrecho de personas, todas ellas vinculadas a la alta burguesía catalana, la clase social que más ha visto fracasar sus proyectos socio-políticos en los últimos años y décadas.

Esta restricción viene dada por el sistema de avales, por el que las directivas que se presentan tienen que avalar un porcentaje (15%) del presupuesto de ingresos del club, que en este caso es el club con más ingresos del mundo. Es una regulación que no sirve para el objetivo que la justificó, que es castigar la mala gestión. La gestión ha sido nefasta (hoy el Barça es un club económicamente hundido, como lo estaba en los años 1970 y como lo dejó Laporta al final de su primer mandato); es decir, el sistema no ha impedido la mala gestión. Y esta no es castigada, porque ni Bartomeu ni Laporta, que se sepa, han tenido que rascarse el bolsillo por su mala gestión. El único efecto de la mala gestión es impedir que la gente normal pueda aspirar a la presidencia. En el capitalismo normal, debido a la institución de la responsabilidad limitada, cualquiera puede poner en marcha una empresa sin comprometer todo su patrimonio; pero esto no ocurre en los clubes que no son sociedades anónimas deportivas, que acaban tan mal gestionados como éstas.

Además, los candidatos a presidente compiten en la campaña para ver quién la dice más gorda, presionados por el populismo del fútbol. El presidente ganador estará presionado para renovar indefinidamente a Messi, y fichar tanto Halland como Mbappé, los grandes jugadores del momento. Que esto no tiene ni pies ni cabeza no lo leeréis en la prensa local, pero sí en el New York Times o el Financial Times, o lo oiréis en la CNN o la BBC, atentos al disparate económico-deportivo que se perpetra en este club emblemático.

Una solución sería mirar a la Atenas clásica o a la Florencia medieval (o a la elección de las mesas electorales en la actualidad), y sortear la presidencia del Barça por un período limitado inferior al actual entre aquellas personas socias que tengan un mínimo nivel educativo y una edad mínima. Esto sería un sistema mucho más equitativo, y el riesgo de una mala gestión no sería superior al actual. La presidencia, lógicamente, debería estar controlada por un sistema de pesos y contrapesos, con un órgano senatorial compuesto por antiguos dirigentes y deportistas emblemáticos, así como miembros de la sociedad civil, similar a los consejos sociales de las universidades.

En el sistema actual, un pool muy reducido de candidatos con intereses económicos y políticos compiten en un sistema que está muy lejos de ser ideal. Por el Teorema de la Imposibilidad de Arrow sabemos que no hay un sistema de votación ideal. Pero el actual, donde se pueden presentar tres personas de perfil similar y gana el que tiene más votos a la primera (sin necesidad de dos vueltas, ni valga votar rankings) puede dar lugar a la victoria del más indeseado de los tres. Esto pasaría por ejemplo si uno tiene el 40% de los votos, pero es el menos deseado por el 60% de las personas que voten. No sé si esto ocurrirá, pero con el sistema actual podría pasar.

Obviamente, nadie hará caso de esta sugerencia, pero quizás alguien reflexionará sobre el disparate del sistema actual, y sobre el enorme coste económico y deportivo que implica.

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