Salvador Illa, el nuevo Josep Tarradellas

Si hay un político catalán y español que ha estado a la altura y ha ejercido un liderazgo responsable y solvente desde que se desató la pandemia de la covid-19, este es Salvador Illa, el ex alcalde de la Roca del Vallès y actual ministro de Sanidad. Su tono mesurado y respetuoso, pero a la vez firme y convincente, ha merecido el reconocimiento de todo el mundo. Y esto, en una clase política abocada a la división y a la crispación compulsiva, es un valor que hay que subrayar.

Heredero de la maestría conciliadora de Josep Tarradellas y de la energía reformadora de Ernest Lluch, el ministro Salvador Illa es un lujo que Cataluña, inmersa en una terrible crisis y desgarramiento interno por el proceso independentista, no puede desaprovechar. Ahora que se acercan las elecciones para renovar la presidencia de la Generalitat, es la hora que Salvador Illa dé el paso.

El PSC tiene que ser consciente que Miquel Iceta ya lo ha dado todo. Salvó los muebles y la coherencia del partido en los momentos más turbulentos del proceso y, como candidato, obtuvo unos resultados correctos en las elecciones del 2015 y del 2017, lejos, sin embargo, de llevar a los socialistas al Gobierno catalán. Volver a presentarlo de candidato es un error, cuando Salvador Illa ha demostrado que es un político capaz de concitar la adhesión de grandes capas de la población a derecha y a izquierda, más allá de las siglas del partido.

Las elecciones de este próximo otoño vienen marcadas por el fin del pujolismo -que el juez José de la Mata ha calificado de “organización criminal”- y la necesidad imperiosa de reconstruir el país después del descalabro que sufrimos. Salvador Illa es hoy el único político que puede sacar a Cataluña del fondo del pozo en el cual hemos caído.

Para encarar la reactivación es imprescindible, por ejemplo, que las empresas que huyeron, asustadas, por las turbulencias del proceso independentista retornen su sede social y su actividad a Cataluña. Y esto solo será posible si al frente de la Generalitat hay una persona ponderada y que inspira confianza, como Salvador Illa.

También es urgente proceder a una racionalización de la administración catalana, trufada de cargos y de asesores que cobran unos salarios escandalosos, además de organismos absolutamente inútiles que acaparan muchos recursos públicos que son necesarios para cubrir las urgencias que ha provocado el ‘tsunami’ de la pandemia. Cataluña tiene que volver a la vía del diálogo y de la tolerancia para recoser la sociedad –¡somos un solo pueblo!- y rehacer, desde la lealtad institucional, las relaciones con España y la Unión Europea.

El proceso independentista empezó con la imputación y “decapitación” del heredero de la dinastía pujolista, Oriol Pujol, por el “affaire” de las ITV. De esto hace ocho años. Ocho años que hemos perdido miserablemente y que han provocado la división, el retroceso y la decadencia de Cataluña, como nunca se había visto desde la Guerra Civil.

Los gobiernos independentistas (Junts x Sí y Junts x Catalunya-ERC) han sido nefastos. Lo digo sin acritud ni amargura. Solo dejo constancia. No han conseguido su objetivo programático –la secesión del territorio del Principado- y, en cambio, han provocado un caos que ha acabado debilitando las estructuras fundamentales de la sociedad catalana.

Durante estos ocho años, los independentistas –que son la sublimación del proyecto nacionalista emprendido por Jordi Pujol- han tenido la oportunidad de demostrar de qué son capaces. Han disfrutado del poder casi omnímodo y han tenido a su disposición miles de millones de presupuestos públicos (Generalitat, diputaciones, consejos comarcales, ayuntamientos…) para gastar. El resultado, objetivamente, ha sido un desastre: para ellos y para todo el mundo.

Las próximas elecciones nos abren la puerta a cambiar de paradigma y comenzar una nueva vía. Sin ningún ánimo revanchista ni ninguna ley del péndulo. Sencillamente, intentando construir, desde el gobierno de la Generalitat, una sociedad más cohesionada, más próspera y más amable que pueda afrontar los enormes retos y las ilusionantes oportunidades que nos da la transición ecológica, en la cual Cataluña tiene grandes potenciales que debemos saber aprovechar.

En este contexto, la candidatura de Salvador Illa puede ser la palanca que libere todas las energías que han sido reprimidas durante tanto tiempo y que no quieren otra cosa que el progreso en paz de Cataluña. Su talante dialéctico y empático facilita que se pueda forjar un amplio consenso de país, desde los núcleos razonables de Ciudadanos –que están- hasta los segmentos más posibilistas y pragmáticos del independentismo, que también están, pasando por la socialdemocracia, el nacionalismo moderado y los comunes.

La imputación judicial de la familia Pujol y de su trama de colaboradores –descrita con precisión quirúrgica por el magistrado José de la Mata en su auto de procesamiento, que tendría que ser de obligada lectura para todo el mundo- marca el punto final a una larga etapa que empezó hace cuarenta años, con la elección de Jordi Pujol como presidente de la Generalitat. Las secuelas de Artur Mas, Carles Puigdemont i Quim Torra han sido, en síntesis, una continuación agónica y esperpéntica de aquel “élan” fundacional del régimen nacionalista y corrupto iniciado en 1980.

Las próximas elecciones son el momento largamente esperado de hacer un “reset” en la convulsa y desgraciada historia de Cataluña de las últimas décadas. Y nadie mejor que Salvador Illa, una “criatura” política de Romà Planas, el fiel secretario de Josep Tarradellas, para dirigirla. Volvemos donde estábamos, que no ha sido nada, y esta vez lo haremos bien y saldremos adelante. ¡Larga vida a Cataluña!

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario