¿Qué palabras se ha tenido que ‘comer’ Jordi Cuixart?

Jordi Cuixart

Totalmente teledirigido y mediatizado por el experto en marketing Oriol Soler –pareja de Marina Llansana, vicepresidenta segunda de Òmnium Cultural-, Jordi Cuixart se ha acostumbrado a pronunciar frases redondas y rotundas, destinadas al consumo emocional de las masas independentistas. El presidente de Òmnium es una criatura creada, modelada y propulsada al estrellato del independentismo populista por Oriol Soler, el brillante y demente cerebro que está detrás de todo el proceso independentista.

Pero mientras Oriol Soler vive de película en la nueva mansión que se ha construido en Igualada, Jordi Cuixart –el hijo de sus experimentos marquetinianos- se ha chupado casi tres años de cárcel, lejos de su familia. Su frase “¡Lo volveremos a hacer!” –que después ha dado título a un libro editado por el sello Ara, de Oriol Soler- es un brindis al Sol elaborado por su mánager que, si lo quisiera hacer realidad, inevitablemente, lo llevaría de nuevo a la cárcel.

Siempre bajo la batuta de Oriol Soler, el presidente de Òmnium declaró el 20 de septiembre del año pasado en Catalunya Ràdio, en vísperas de que el Tribunal Supremo dictara la sentencia por los hechos del 1-O: “No he firmado el programa individual de tratamiento, por lo tanto, no me podré acoger a permisos. Me someto al cumplimiento íntegro de la condena. Desde Òmnium no pediremos ningún indulto. Con una amnistía, el Estado admite públicamente que los hechos por los cuales hemos sido condenados son injustos." Y añadía: "Puede ser que me condenen a 14 años de prisión, ¿y qué? Los viviremos… también los viviremos… y sí, nos hemos dado cuenta de que no estamos tan lejos de tiempos pasados… pero hemos perdido el miedo. O perdíamos el miedo, o nos hundíamos."

Finalmente, Jordi Cuixart fue condenado por el Tribunal Supremo a nueve años de prisión, en vez de 14. Pero lejos de sus rotundas palabras pronunciadas el 20 de septiembre de 2019, no se ha sometido “al cumplimiento íntegro de la pena” y se ha acogido y ha aprovechado todos los beneficios y permisos que prevé el régimen penitenciario para poder abandonar la cárcel e ir a su empresa y estar con su familia. Ahora ya tiene el tercer grado, lo que le permite salir cada día a la calle y pasar en casa los fines de semana.

Mejor para él. Poniéndose en manos de Oriol Soler y convirtiéndose en su títere ha pagado una carísima factura personal. Tal vez algún día se dé cuenta que quien siempre cobra y nunca paga es el espabilado de Oriol Soler.

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