Ganemos al coronavirus

San Marcos y San Lucas coinciden en un episodio de sus evangelios en decir que Jesucristo curó una persona que sufría la lepra. Los dos coinciden en explicar que un día un hombre que tenía esta enfermedad se le acercó y le pidió que lo curara. Ninguno de los dos evangelistas sitúa el acontecimiento. San Lucas se limita a decir que sucedió "estando en una ciudad", lo cual no ayuda mucha a localizarlo. San Marcos ni eso.

Lo que explican es que un hombre con síntomas externos evidentes de sufrir esta enfermedad contagiosa se arrodilló ante Jesucristo y le pidió que lo sanara. Y el protagonista de la Biblia lo hizo. Además, le dijo que no explicara a nadie lo que había pasado. No le hizo caso. Le faltó tiempo para ir a explicar a todo el mundo que Jesucristo le había quitado la lepra del encima. A partir de aquel momento su popularidad se disparó y, según san Lucas, "ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad sino que se quedaba en las afueras, en lugares solitarios" para ahorrarse las aglomeraciones de seguidores. Fake news o verídico, el caso es que esta historia forma parte del bagaje documental del cristianismo.

El Cid Campeador no curó nadie de la lepra pero, dice la leyenda, que, camino de Santiago, se encontró a un hombre que la sufría. Ese hombre le pidió limosna pero él dijo que lo mejor que podía darle era la mano, comida y compañía. La leyenda lo que asegura es que todo era un montaje de Dios para poner a prueba a Rodrigo Díaz de Vivar. Y la superó con buena nota.

Me vienen estas historias a la cabeza pensando en la epidemia/pandemia de coronavirus COVID-19 que estamos viviendo. Que la gripe reaparezca cada invierno a pesar de todos los adelantos científicos y tecnológicos que vamos acumulando siempre me ha resultado difícil de entender. Sé que los virus mutan y que cada año se presenta uno de diferente. Pero, aún así, no me entra en la cabeza que podamos mover un robot por la Luna desde la Tierra y que no encontremos el remedio para unos virus que nos visitan periódicamente.

Para tranquilizarnos nos dicen que cada año muere mucha gente por culpa del virus de la gripe normal y que este coronavirus COVID-19 causa, poco más o menos, la misma mortalidad. Y, para redondearlo, añaden que sólo mata, casi exclusivamente, gente de edad avanzada y que tienen patologías previas. ¡Qué grande que es ser joven!, dirían los publicistas del Corte Inglés.

No confío ni en Jesucristo ni en el Cid Campeador pero me gustaría poder confiar más en la Organización Mundial de la Salud y en los esfuerzos médicos conjuntos de la comunidad internacional para hacer frente a los virus y las bacterias que amenazan a la Humanidad. Confinar personas, cerrar el acceso a regiones enteras y suspender actos multitudinarios es un parche. El remedio tiene que estar en algún laboratorio de investigación de no sé dónde. Encontrémoslo y compartámoslo. Una vez más, la solución es más solidaridad (¿federalismo?) y menos "my country first!".

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