Volver al escenario autonómico

La legislatura catalana se acabará como el rosario de la aurora, a pesar de que posiblemente habrá presupuestos y el país empezará a rodar después de tres años de funcionar con prórrogas que acaban haciendo de la acción estratégica de los departamentos una quimera. La buena noticia, por lo tanto, es esta: el país tendrá una hoja de ruta presupuestaria que ayudará a salir del callejón sin salida.Ahora bien, la comparecencia de este fnl de enero del presidente Quim Torra deja grandes titulares, pero, sobre todo, muy mal gusto de boca para las bases independentistas,que ven que es imposible que Junts per Catalunya y Esquerra Republicana compartan gabinete.

En el fondo, es un tema de piel. Porque el presidente acusó a Roger Torrent de dejarlo en la estacada cuando era la hora de defenderlo ante el Supremo y la JEC a pesar de que sabíamos que Torrent, como máximo responsable de la cámara catalana, ha sido totalmente garantista con su presidencia desde que llegó al cargo.De hecho, desde que tampoco dejó investir a Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat y entramos en un bucle de candidatos a la presidencia, alguno de los cuales acabó en la prisión a medio camino. Torrent dice proteger el Parlamento, pero también se custodiaba a él mismo, sabedor de que la estrategia de Esquerra Republicana siempre ha sido la de llegar a Itaca con un barco diferente del de Junts per Catalunya y, por tanto, hacía falta autoprotegerse para aspirar a ser presidenciable.

La lucha por la hegemonía entre republicanos y postconvergentes ha marcado el proceso desde su comienzo, pero sobre todo lo ha hecho encallar definitivamente cuando la autocracia española ha aparecido sin contemplaciones ni remilgos. Porque este mirarse de reojo, este intento de ponerse la zancadilla, esta desconfianza, este camelo permanente que decía "buscar la unidad estratégica" no ha permitido ver cuál era el peligro: que el Estado español, a pesar del trabajo de sus diplomáticos para no asociarse con la Turquía de Erdogan, tiene una maquinaria represora que no juega. De hecho, ni juega, ni lo hace de forma limpia. Por lo tanto, sólo se podía combatir la represión desde una unidad absoluta, desde la capacidad de consenso, desde la cohesión entre las filas, desde la voluntad de dejar de banda la partitocràcia para defender (sin tapujos) la democracia.

La campaña que empieza –sí, desde ahora mismo– estará marcada por reproches y por un regreso al escenario autonómico. Se acaban las autonómicas vestidas de "plebiscito", se acaban los días históricos a menos que las urnas nos den una sorpresa y, definitivamente, el independentismo supere por primera vez el 50% de los votos. No los escaños: los votos son los que importan
para tejer un relato creíble, también, en el ámbito internacional.
Pero el regreso al escenario autonómico nos permite volver a analizar la política desde la importancia del doble eje: el social y el nacional.

Con tantas diadas históricas tuvimos la sensación de que el eje capital-trabajo podía desaparecer del escenario político catalán; con una Esquerra dispuesta a conseguir definitivamente la hegemonía, con los pactos presupuestarios con los comunes, con las mesas de diálogo pactadas con el PSOE y la complicidad con la gestión de Ada Colau, es evidente que toca volver a situar el análisis electoral en la casilla de salida. El escenario electoral también nos permitirá ver como se comporta el constitucionalismo en Catalunya. Los comunes han obtenido una gran victoria política pactando los presupuestos con Pere Aragonés, y los sitúa en buena posición de salida. Ahora se han demostrado útiles, no sólo en Barcelona, sino para el país. Han dejado la retórica de los últimos tiempos, se han arremangado. El PSC puede jugar a la centralidad política, escoltado por los éxitos en Madrid, a pesar de demostrar demasiada poca complicidad con los presupuestos catalanes.

La gran incógnita es ver como se reconfigura la derecha extrema: ¿La teatralización de la política que hace Ciudadanos será útil para evitar el batacazo electoral? ¿Podrán pactar el PP y Cs una lista conjunta que cubra las vergüenzas de los dos partidos en Catalunya, las electorales y las de comportamiento? ¿Qué papel tendrá Vox en todo esto? ¿Se podrá mantener residual en Catalunya?

La recuperación de un escenario autonómico también contribuirá a una dispersión del voto y, sobre todo, a un regreso a concebir la política desde una lógica de doble eje. Todo esto nos hace augurar muchas más incertidumbres; la única verdad es que, ahora sí, el proceso ha saltado de pantalla.

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