Hacia una Barcelona metropolitana real

¿Es realmente Barcelona, junto con su Área Metropolitana, una ciudad global, entendida como el espacio para dar respuesta a los desafíos de futuro desde el punto de vista político, económico, climático, demográfico, tecnológico y social?

Actualmente, la área metropolitana de Barcelona engloba 36 municipios en un territorio de 636 kilómetros cuadrados con 3,2 millones de habitantes y supone el 65% del PIB de Catalunya y el 13 % del PIB español. Es sin duda una de las grandes regiones económicas de la Unión Europea (UE), y Barcelona es una de las capitales de todo el mundo escogidas para la celebración de congresos, como el Mobile World Congress, y es la sede de la Unión para la Mediterránea.

En cuanto a la innovación se ha convertido en un hub en la Europa del sur y es ciudad de referencia comercial y turística, que tiene unos de los puertos y aeropuertos más importantes a escala europea.

En el campo institucional, el ente metropolitano ha pasado por diferentes situaciones estructurales y competenciales hasta llegar a la situación actual. Así, el primer órgano de gestión metropolitano se creó en 1974 con la agrupación de 26 municipios bajo el nombre de Corporación Metropolitana de Barcelona (CMB). En 1987, la mayoría de CiU en el Parlament de Catalunya, durante la presidencia de Jordi Pujol, aprobó la Ley 7/1987, por la que se atribuía las competencias de planificación directamente a la Generalitat de Catalunya. Finalmente, en 2010 se aprobó la Ley 31/2010 que restablecía la Área Metropolitana de Barcelona (AMB) que hoy conocemos y se encuentra en vigor.

Si hacemos una mirada a nivel competencial de la Área Metropolitana según la Ley 31/2010, puede parecer que sus competencias son suficientes para dar respuesta a los retos de futuro de cualquier ciudad global. Así, vemos que se dispone de competencias en ordenación del territorio, urbanismo y vivienda; movilidad y transporte; ciclo del agua; gestión de residuos; medio ambiente; actuaciones en infraestructuras de interés metropolitano; fomento de la actividad económica y empresarial; turismo y fomento de la cohesión social.

La globalización de la economía ha generado un proceso de concentración del poder económico y tecnológico en áreas metropolitanas desde donde se ejerce el control de la economía mundial. Es en estas ciudades globales donde se sitúa el poder de decisión, tanto desde el punto de vista financiero y empresarial como tecnológico.

Una ciudad global también es un fenómeno de gran dimensión a nivel demográfico, social y cultural. Según datos de la ONU, en 1950 el 30% de la población mundial vivía en ciudades; en 2016 este dato era el 55%. Actualmente, más de 500 ciudades superan el millón de habitantes y 50, los cinco millones.

En la área metropolitana de Barcelona existen diferentes entidades que comparten funciones de gobierno con intereses no siempre coincidentes. Además del Estado central y la Generalitat, también nos encontramos la Diputación de Barcelona, las comarcas del Baix Llobregat, Vallès Occidental y Maresme, el Ayuntamiento de Barcelona y el AMB.

Desde Barcelona Distrito Federal creemos que en lo primero que hay que incidir es en la governanza de la Barcelona Metropolitana que tendrá que configurarse en base al federalismo cooperativo de raíz municipal. No es admisible la existencia de administraciones locales de segundo orden como son la Diputación y las comarcas operando a la vez sobre el mismo territorio metropolitano. Consideramos que estas administraciones tendrían que pasar sus competencias a la AMB, tal y cómo se ha hecho con el Consejo Comarcal del Barcelonès.

Desde el punto de vista de la gobernabilidad de la Barcelona Metropolitana, creemos que esta tiene que ser cercana al ciudadano y sin duplicidades. Así, habría que hacer un planteamiento de elección directa de sus órganos de gobierno, y los alcaldes de los municipios de la AMB tendrían que ser miembros natos del Consejo Metropolitano.

La Barcelona del futuro será metropolitana o no será, y sólo con la generosidad e implicación de la sociedad civil y sus gobernantes será posible lograrla.

Hay que ponerse a trabajar, porque el mundo no se para y el futuro del siglo XXl será el de las ciudades globales.

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