Nos paramos para cambiarlo todo

El año pasado, el 8 de marzo, muchas mujeres paramos. Dejamos de trabajar, dejamos de consumir e hicimos huelga de cuidados. También nos manifestamos y fue un éxito de participación, de visibilidad y de complicidades. Fueron acciones descentralizadas y movilizaciones masivas que ganaban la calle. En el año 2017 ya habían parado millones de mujeres en todo el mundo, porque es una huelga global que quiere hacer visible aquello que queremos y aquello que hacemos. En 2018 tuvo más impacto y se ocuparon las calles con grandes manifestaciones.

Este 2019 se quiere una huelga más visible, más masiva e inclusiva. La CGT –Confederación General del Trabajo de Catalunya– y la IAC –Intersindical Alternativa de Catalunya– son las organizaciones sindicales que han hecho preaviso de huelga. Las razones que nos mueven son las mismas y vamos sumando. Desde el año 2010 las cifras de geofeminicidio, recogidas por Feminicidio.net, indican que ha habido 1.000 asesinatos de mujeres a manos de hombres. De hecho, durante 2018 ha habido 31 mujeres asesinadas en los Países Catalanes y 98 en el Estado español. Unas cifras preocupantes con unos presupuestos contra las violencias machistas que han ido menguando en algunos casos. Todo esto con una justicia que ha despreciado a las mujeres con sentencias como la de la Mandada o la violación grupal de una mujer con discapacidad intelectual. Sentencias incomprensibles pero que no son únicas, hay muchas parecidas en las que el agresor o agresores tienen penas menores o atenuantes que no consideran a las mujeres agredidas, que, a menudo, son juzgadas doblemente. Cómo vestía, cuáles son sus amistades, si bebe, si fuma… son acusaciones contra ellas que sirven de justificación a los agresores. A estas alturas, en 2019, ya ha habido 12 asesinatos en el Estado.

Otra razón para la huelga la encontramos en el ámbito laboral: las mujeres cobramos, de media, un 23% menos que los hombres, la llamada brecha salarial. Una brecha que aumenta con la edad y en la que, cuanta más estabilidad laboral, más grande es la diferencia salarial. A esto se añade la precariedad laboral, que afecta a hombres y mujeres, pero especialmente a ellas, en cuanto a la parcialidad de los contratos. En este sentido hay que destacar que se explica en parte por un mayor peso del trabajo a tiempo parcial, pero la brecha salarial a tiempo completo duplica la del tiempo parcial.

Pero la huelga la hacemos también por la libertad, porque nuestros cuerpos están controlados por la legislación; es decir, no somos libres de decidir por nosotros mismas sobre nuestro cuerpo. Las leyes no sólo no nos reconocen este derecho, que acontece un privilegio únicamente masculino, sino que nos lo limitan. En el mismo sentido, no se permite una educación sexual y afectiva en las aulas que permita afrontar con normalidad una sexualidad y afectividad diversa a las niñas y niños. La sociedad impone en la educación un modelo heteronormativo, limitador e invisibilitzador de identidades y sexualidad.

Una razón central de la huelga, este 2019, es el racismo y la xenofobia, una tendencia y un sentimiento a la alza, junto con la limitación de la movilidad y la libertad de las personas. Muchas mujeres se ven forzadas a migrar por razones económicas, sociales, legales o bélicas. Muchas de estas mujeres son refugiadas sin derechos y, a menudo, sin reconocimiento legal. Muchas sufren violencias machistas y racismo. La legislación que limita la movilidad así como la pujanza de tópicos y mentiras sobre la migración afectan directamente sus derechos y su bienestar. En el caso del Estado español, es un Estado imperialista que agotó los recursos de las colonias y, en muchos casos, las abandonó en manos del absolutismo entregado a la metrópoli y ha seguido produciendo pobreza, explotación y forzando a la migración. Esto sin dejar de lado la venta de armamento de forma ilegal a países en conflicto, regenerando el conflicto y empeorando las condiciones de vida. Estas mujeres llegan buscando refugio y oportunidades y encuentran violencia y exclusión, fruto de fronteras racistas y coloniales y de una ideología capitalista y patriarcal que impone desigualdades.

Estas y otras muchas razones son las de la huelga del 8 de marzo.Tenemos muchas, muchas más, pero también tenemos propuestas para superarlas, tenemos anhelos de transformar la sociedad. Queremos una sociedad mejor, más equitativa y libre. Por eso, desde el feminismo se hará y se llama a la huelga.

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