«La fractura social es entre la Cataluña de los ricos y la de los que no tienen nada»

Entrevista a Jaume Capdevila (Kap)
Jaume Capdevila (Kap)
Jaume Capdevila (Kap)

Jaume Capdevila, "Kap" (Berga, 1974) es uno de los principales dibujantes humorísticos del país. Empezó su carrera en 1994, en El Triangle (donde continúa dibujando) y actualmente publica en La Vanguardia, El Mundo Deportivo y El Jueves. Es independentista desde mucho antes del "Procés", pero afirma que "más que independentista, soy anarquista".

E.T.: Usted es humorista. Por lo tanto, la materia con la que trabaja, de la que se nutre, es la libertad de expresión. ¿Considera que esta libertad se encuentra en peligro actualmente?

 

K: Venga, le reharé la pregunta. Porque yo soy humorista, o dibujante satírico, y la materia de la cual me nutro no es la libertad de expresión, sino la actualidad, la realidad. O sea, yo lo que hago es intentar explicar la realidad pero dándole una pequeña carga. Y procurando que este "explicar la realidad" sirva para algo. Y para hacer esto, es necesaria la libertad de expresión. Es básico tener una libertad que te permita coger esta realidad y lo que piensas de ella, y expresarlo, comunicarlo como creas oportuno. En este sentido, la libertad de expresión es absolutamente necesaria y hoy en día estamos en un momento de regresión de esta libertad.

 

E.T.: ¿Porqué?

 

K: Hay muchos condicionantes. Uno de ellos es la precariedad laboral en los medios de comunicación. Los medios siempre han servido para condicionar la opinión del lector. Es decir, cualquier lector de cualquier medio tendría que leerlo sabiendo que este quiere condicionar su opinión -todos lo hacen, aunque hay algunos que lo hacen peor, y se les nota más. Y desde el año de María Castaña, no es cosa de ayer-. Pero cuando la profesión periodística, quiero decir los periodistas, eran fuertes, se atrevían a ir más allá de lo que el medio marcaba. Ahora los medios pueden tener controlados tanto como quieren los periodistas porque no hay opción: te echan a la calle. Esto limita mucho. Es decir, la libertad de expresión en los medios de comunicación se consigue a pesar de los medios. Se consigue porque los periodistas estiran tanto como pueden su libertad de expresión.

 

E.T.: Esto es un condicionante eminentemente económico. ¿Hay de sociales, culturales?

 

K: Y tanto. Hay, por ejemplo, un gran problema de carencia creciente de conciencia en el público. Es decir, nos hemos acostumbrado a vivir en unas burbujas -la burbuja de nuestros amigos de Facebook, de nuestros amigos de Twitter, etc.- donde vivimos interconectados con gente que piensa como nosotros y dónde a todo el mundo le gusta lo que hago porque me ponen un like o en sus favoritos. Esto hace que cada vez nos cueste más asumir que hay opiniones diferentes, divergentes. Que hay gente que realmente está a nuestras antípodas, la opinión de la cual también tiene razón de ser. Pero cada vez estas realidades divergentes están menos en contacto, de hecho vivimos cada vez más aislados en burbujas. Esto nos hace más reacios a la libertad de expresión. Porque libertad de expresión no es que yo pueda decir lo que quiera -o no sólo esto- sino que yo esté dispuesto a aceptar que tú digas lo que quieras. Este es un matiz interesante.

 

E.T.: ¿Algún condicionante más?

 

K: Bien, vivimos en un mundo donde realmente cada vez hay una intolerancia creciente, ya no sólo personal, sino inducida. Inducida por las empresas, que son intolerantes a la crítica; por las religiones, que también son intolerantes a la crítica, etc. Es decir, que la divergencia está cada vez más en peligro, y esto es lo peor que le puede pasar a la libertad de expresión. Porque la divergencia -que dos personas tengan dos ideas-, y que es una riqueza, ahora resulta que es un peligro. Y si aquello bonito y deseable es que, si hay cien personas, haya cien ideas, todo lleva a que haya cien personas con una sola idea. Y esto es peligrosísimo, porque conduce al totalitarismo.

 

E.T.: Vamos a un ejemplo práctico. ¿Qué piensa, del caso Dani Mateo?

 

K: En casa mía diríamos mucha ropa y poco jabón, de este caso. Bien, un hombre hace un chiste, se suena con la bandera y se monta un pollo. ¿Y al final, qué? Es decir: no pasa nada. Dani Mateo ha hecho mil sketches y no ha pasado nada; hace uno con la bandera y ruido. ¿Y qué? Precisamente hablé una vez con un chico muy indignado que me decía: "No, pero es que los símbolos son muy importantes". Está muy bien, esta es la gracia del gag. Si Dani Mateo se hubiera sonado los mocos con una cosa que no te importa, aquello no habría tenido sentido. En cambio, si se los suena con una cosa que te importa bastante, como por ejemplo esta bandera, el gag te interpela, te hace daño, te dice algo, aunque sea negativa: entonces adquiere sentido. Y aquel hombre continuaba: "Sí, pero… ¿y si se hubiesen limpiado el culo con una fotografía de tu madre?". Y yo le contesté: "bien, pero una foto de mi madre no es mi madre". Quiero decir, evidentemente que no me haría gracia que alguien se frotara el culo con una foto de mi madre, pero escuche, una foto es un papel. Un papel con la imagen de mi madre, de acuerdo, pero un papel. Por lo tanto, no se está rozando el culo con mi madre (la cual me fregó el culo durante muchos años, todo se tiene que decir) (río).

 

E.T.: De todos modos, en estas polémicas echo algo de menos: No me imagino a Dani Mateo sonándose con la estelada ni Willy Toledo cagándose en Mahoma. ¿No le parece que el escarnio se dirige siempre hacia ciertos símbolos, mientras otros parecen intocables? ¿No tendrían que ser sagrados todos los símbolos, o si no, no serlo ninguno? ¿No tendrían que ser todos igualmente caricaturizables?

 

K: Para mí esto es evidente. Y es lo que hago en mi trabajo. Claro, a mí me sabe muy mal aquello de Dani Mateo o de Willy Toledo, pero yo no soy ellos, y por lo tanto no sé qué símbolos usarán y qué no…

 

E.T.: Lo digo en general. Dani Mateo y Willy Toledo serien el síntoma, de esta situación general.

 

K: Pues en general lo que pasa es que acostumbra a haber humoristas etiquetados ideológicamente de una manera y que hacen escarnio de unas cosas y humoristas etiquetados ideológicamente de otra manera y que hacen escarnio a otras cosas. Hay bandos, y cada bando hace escarnio del otro. Y raramente hay humoristas que hagan escarnio de todos los bandos medianamente por igual. Claro, yo no puedo hacerme responsable de todos los otros, puedo hacerme responsable de lo que hago yo. Y yo sí que intento hacer escarnio de todo lo que creo que tiene que ser escarnizable. Y para mí no es sagrada ni la bandera de Cataluña, ni la de España, ni la de Andorra, ni la de Convergència ni la de la CUP. Y cuando ha convenido, cuando yo he creído que era necesario, he cargado hacia un bando y he cargado hacia el otro. Con toda la tranquilidad, que me parece que es lo que deberían hacer todos los humoristas que se dedican a la sátira seriamente. En la vida siempre se tiene que tomar partido, de acuerdo. Pero tomar partido también quiere decir que tienes que ser coherente. Y lo que no puedes es convertirte en mercenario por un lado y que haya unos intocables. Yo, cuando menos, no creo en esto.

 

E.T.: Usted ha hablado de bandos. Siempre se ha dicho que hay dos Españas, eternas, irreconciliables. Pero también hay dos Cataluñas: la que se manifiesta cada 11 de septiembre y la que dio la victoria a Ciudadanos en las últimas elecciones en el Parlamento. ¿Usted cree que es posible una reconciliación entre ambas?

 

K: Es que aquí estamos ante otra trampa, una trampa de los medios de comunicación. Yo no creo que haya ni dos Españas ni dos Cataluñas. ¿Hay cuarenta millones de habitantes en España? Pues hay cuarenta millones de Españas. ¿Siete millones de habitantes en Cataluña? Pues siete millones de Cataluñas. O sea, tú y yo podemos ser amigos…

 

E.T.: Usted y yo somos muy civilizados. Aquí, desde el comienzo del "Procés", hay gente que se ha peleado, se ha dejado de hablar o que calla por temor a expresar sus ideas. Incluso se ha dado de hostias.

K: Pues tienen un problema. Yo pienso que el hecho de que te digan que hay dos Españas o dos Cataluñas es una trampa que lo que busca es polarizar para sacar rédito político de este enfrentamiento. Si hubiera dos Españas, no sería la de los rojos y los azules, la del PP y el PSOE, la de las izquierdas y las derechas, no. Seria la España de los ricos, de los que lo tienen todo, y la España de los que no tienen tanto o no tienen nada. La de los que manipulan y la de los que son manipulados, la de los que reciben y la de los que dan. Y si hubiera dos Cataluñas, sería lo mismo: está la Cataluña de Oliu, Fainé y el Círculo Ecuestre y la Cataluña de la gente como tú, que te levantas a las ocho de la mañana para llevar los niños al colegio e ir a trabajar; que no tienes niñera y que te cuesta llegar a final de mes. Y si se pusieran una junto a la otra, tal cual, serían quinientas personas contra seis millones novecientas mil y pico. Por lo tanto, yo no creo que haya esta división, sino que esta división es una herramienta que te van vendiendo insistentemente para que te posiciones contra otra persona.

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