Una ‘manada’ de jueces

Bluesky

Desde el siglo XV, la justicia se representa con una mujer que lleva los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra. Los ojos atados pretenden destacar que la justicia es igual para todos. Por su parte, la balanza representa el juicio que pone a cada lado los argumentos y las pruebas; un mito que ya aparece representado en el Antiguo Egipto a través de la diosa Maat, símbolo de la Verdad, la Justicia y la Armonía cósmica. A su vez, la espada que sujeta la dama expresa que la justicia castigará con mano dura a los culpables; una imagen que se vincula con la diosa griega Némesis, que castigaba con una espada a quienes no obedecían.

En pleno siglo XXI, a aquella ‘dama de la Justicia’ le han caído las vendas, la balanza desajusta y se ha clavado la espada en el pie. Si las diosas Maat y Némesis levantaran la cabeza, observarían como la Verdad, la Justicia y la Armonía cósmica se han convertido en unos auténticos mitos, y lo que prevalece ahora es la Mentira, la Injusticia y el Caos. Y si no que se lo pregunten a la chica violada en los Sanfermines de 2016.

La abominable sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra castiga a los autores del llamado caso de la Manada por abuso sexual y no por violación; esto quiere decir que los magistrados consideran que los hechos se produjeron sin violencia ni intimidación -esta es, fundamentalmente, la diferencia entre los abusos y las agresiones sexuales según el Código Penal. Cabe recordar que la víctima fue penetrada hasta once veces por cinco individuos en un portal. Cuesta no ver la violencia y/o intimidación, pero he aquí que los jueces no la ven. Si la chica, en clara indefensión, hubiera mostrado un poco más de resistencia… Es indecente que la víctima de una agresión sexual sea culpable hasta que no se demuestre lo contrario, y lo contrario es que opuso suficiente resistencia, a criterio del magistrado. En la mayoría de delitos, en caso de robo por ejemplo, generalmente se recomienda no oponer resistencia porque las consecuencias pueden ser más graves. Pero cuando se trata de una violación se ve que la cosa cambia, y aquí las víctimas sí deben demostrar que opusieron la debida resistencia, al menos la suficiente para que el juez de turno considere que, efectivamente, la violaron.

Capítulo aparte merece el voto particular del juez que hubiera absuelto la Manada porque no observó en los hechos ni violación ni abuso. El magistrado considera que los acusados no violar la víctima sino que las relaciones sexuales fueron «consentidas». En su relato de lo acontecido asegura que el hecho de que la denunciante «no les expresara ni de palabra, ni con gestos, ni de ninguna otra manera su disconformidad» hizo que los condenados creyeran «en todo momento», que la chica » estaba de acuerdo con los actos sexuales». Una de las pruebas que utiliza el juez para justificar el supuesto consentimiento de la víctima es que en los vídeos que grabaron dos de los acusados se ve a la víctima con una «innegable expresión relajada, sin ningún tipo de rigidez ni de tensión en la cara, lo que impide sostener cualquier sentimiento de temor, asco, repugnancia, rechazo, negatividad, desazón, incomodidad…, y que resulta incompatible con la situación que dice estar viviendo y que, según afirma, la dejó paralizada». Se ve que debía haber dicho que no quería practicar sexo y que, así, todo quedaba solucionado.

Repugnante…

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