Entrevista a Sílvia López Valentín

Politóloga, miembro de Iniciativa y de Federalistas d'Esquerras
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Politóloga. Master en cooperación. Vinculada al movimiento asociativo desde que, a los 15 años, se sumó a la organización estudiantil de su instituto. Es coordinadora de la coalición municipalista Movem Castelldefels, y forma parte de Iniciativa y de Federalistas d’Esquerras.

¿Qué es el federalismo?

Al habar de federalismo, lo primero que se me ocurre es que se trata de un sistema de organización territorial, que lleva implícito muchos valores, que son fundamentales para el progreso. El federalismo no puede existir sin negociación, sin diálogo, sin argumentación. No hay un tipo de federalismo, No existe como una única cosa, sino que consiste en una vía para ponerse de acuerdo en cuanto a una gestión del territorio, por ejemplo.

¿En qué valores se sustenta el federalismo?

El federalismo en la unión de diferentes e iguales. Por tanto, estos, las partes, tienen que ponerse de acuerdo para relacionarse y subsistir. El federalismo es la herramienta que puede aportarles esta forma de unión.

¿Cómo apuntaba Proudhon, el federalismo podría entenderse, en este sentido, una fórmula aplicable hasta en las relaciones de pareja?

Por ejemplo. Desde siempre y sobre todo ahora, que las personas son más celosas de su individualidad y que las mujeres están adquiriendo mayor protagonismo y visibilidad social, la pareja tiene que pactar muchas cosas porque, en definitiva, es un acuerdo entre diferentes. Se pueden federar, desde luego, espacios de competencia, sentimientos, afectos… Por eso, resulta sorprendente que haya gente que percibe el federalismo como algo excluyente. No puede serlo, porque primero de todo es fraternidad. Es entender al otro como semejante y, a partir de ahí, ponerse de acuerdo en las mil cosas que pueden pasar en la vida. Vamos a sentarnos, a llegar a un acuerdo y seguir adelante.

Sin embargo, en nuestro contexto el federalismo sigue siendo un gran desconocido, a pesar de estar presente en medio mundo ¿Qué ejemplos de federalismo podríamos citar a la hora de pensar en él para España?

Por ejemplo, Canadá tiene un sistema que podría extrapolarse a España e incluso a Europa, que también tiene que evolucionar en este sentido. Canadá es un territorio donde conviven diferentes comunidades, con sus identidades, sus idiomas, sus tradiciones y culturas, y ha optado por un sistema federal para poder, entre todos, trabajar juntos y seguir adelante. Porque en el mundo actual, los pequeños territorios no pueden competir contra los grandes, como China o EE.UU. La federación es obligada para fortalecerse y defender los intereses propios. Canadá es buen ejemplo de ello. También se podría hablar de los propios EE.UU. que es una entidad federal, en la que cada Estado es soberano en diferentes ámbitos y comparte otros muchos. México, Brasil, Rusia… también son Estados federales.

En cualquier caso, el federalismo es una referencia abierta, un sistema flexible, que en cada caso particular adquiere diferentes formas…

No hay un solo federalismo. Por eso no puede ser excluyente. Porque no existe un modelo. Se trata de una forma de entender las cosas más que de un canon. Se aplica ad hoc según cada contexto, según cada historia… Por eso es algo que puede ser muy útil a la hora de organizar y gestionar la diversidad.

¿Qué puede ser considerada antítesis del federalismo? ¿El nacionalismo, el centralismo…?

La antítesis del federalismo podría ser el centralismo, que conlleva imposición de algunas cosas, el no contar con la opinión de los diferentes (territorios, etc.) a la hora de adoptar decisiones. El federalismo es, por supuesto, descentralización de todos los poderes y acordar cosas que sí que se pueden y se deben gestionar de manera centralizada, porque interesa a los implicados.

¿Y el soberanismo, que tan de moda está, no es algo que chirría asociado al federalismo?

La soberanía se puede entender no tanto según la lectura que de ella han hecho históricamente los Estados, sino como una referencia de lo propio, de lo que pertenece a cada uno. Luego, se puede ser soberano sobre algo y decidir ceder esa soberanía para gestionarlo mejor. No hay porque sentirse incómodo con la cesión de soberanías. Por supuesto, que todos somos soberanos de nuestras vidas y de algunas cosas más, no muchas. Y lo somos relativamente porque hemos llegado a contratos sociales, mediante los cuales cedemos muchas cosas que podrían ser consideradas propias. Hay leyes y la libertad de cada uno empieza donde acaba la del otro. En el caso de los Estados, siempre se ceden algunas soberanías por parte del conjunto social y de los territorios.

Si, como es el caso, los Estados europeos han cedido gran parte de su soberanía a la Unión ¿Qué sentido tiene que los independentistas quieran ser soberanos respecto al Estado español?

Es algo que no se entiende. Si el Estado español ha cedido el 80% de su soberanía a la UE ¿Cuál sería el porcentaje de soberanía que podría ejercer una Cataluña independiente? Se puede argüir que un 100% si sale de la Unión. Cierto. Y, aun así, eso sería cierto. El entramado de dependencias es tan importante a escala europea y global, que resulta inconcebible una soberanía total que, por cierto, nunca ha sido cierta. La soberanía de los Estados, que se fundamentaba en la fiscalidad, la moneda, la defensa, las fronteras y poco más ya no existe en Europa. La soberanía en el «Procés» es solo una metáfora.

La soberanía llevada a terrenos como el de la energía o la alimentación ¿Responde a un intento de esquivar el debate sobre la soberanía nacional por elevación o es solo postureo posmoderno?

Cuando se está en medio de la ola resulta difícil calibrar su magnitud. Todos estos conceptos, la terminología que nos inunda son muchas veces difíciles de entender y manejar. Puede parecer que actúan en dirección contraria a la comprensión, el entendimiento, la comunicación…, que se le presupone a la política. Es verdad que todo, también la política, está cambiando mucho. Los partidos políticos tradicionales datan de la restitución de la democracia en España e incluso de antes. Un mundo que funcionaba de modo distinto a como ahora lo hace. Por eso parece necesario, disponer de nuevos modelos, nuevas maneras, nuevos conceptos…, para comunicarse con la gente. Hasta el 15 M había una distancia abismal entre la gente y los partidos, mucha desafección política. Luego, hubo gente que se apoderó un poco de la política y de ahí viene ese cambio en las maneras de hacer.

¿Por qué los partidos son tan reluctantes al federalismo?

Hay mucho desconocimiento y no deja de llamar la atención, porque en España, a pesar de lo que se diga, hay tradición de descentralización y de entendimiento entre territorios. También puede ser que el federalismo suene a viejo. Por eso es tan importante explicar, difundir el sentido del federalismo, eso que estamos haciendo los Federalistes d’Esquerres. El federalismo es una herramienta, su función, su utilidad, sus resultados dependen de cómo se utilice. En todo caso, también hay que tener en cuenta que el federalismo es una cuestión compleja, porque todo lo que conlleva negociación, conocimientos…, lo es. El federalismo es lento, complicado…

¿Tienen, en consecuencia, mucho que decir los académicos, los expertos, en esto del federalismo?

Tendríamos que celebrar que así fuera. A la hora de la letra pequeña, de diseñar alternativas, de contrastar experiencias, los entendidos tienen mucho que decir y hay que prestar especial atención a lo que ya nos están diciendo. Los partidos políticos, cuyo papel resulta imprescindible para la articulación de una alternativa federal, son los primeros que están llamados a escuchar lo que dicen los académicos. El federalismo requiere conocimientos.

Plantea Urkullu la idea de federalizar el propio País Vasco, para atajar los desequilibrios históricos que padece ¿Crees que Cataluña, que adolece asimismo de llamativas diferencias, está llamada también a hacerlo?

Un sistema descentralizado, que tenga en cuenta las diferencias y los intereses de cada uno y aspire a promover los mismos derechos y oportunidades, desde luego que tendría que tener en cuenta variable, más allá del Estado. Se está hablando, por ejemplo, de un federalismo de base municipalista. Y en el área Metropolitana de Barcelona, sin ir más lejos, ya que se practica un cierto federalismo. Los Municipios que forman parte de ella ceden parte de sus competencias, en beneficio de todos. La gente ya sabe lo que es hablar, compartir, pactar… Lo que ocurre es que cuando se refiere a cosas como el Estado se complica un poco más.

¿Tenemos federalismo en Europa, quizás con todos sus defectos y pocas de sus virtudes?

En Europa tenemos mucha unión monetaria, económica…, pero no tenemos unión política. No tenemos políticas armonizadas en materia fiscal, por ejemplo. Si todos formáramos parte de una Europa que nos la creyéramos todo sería más fácil. Pero sigue existiendo el miedo de los Estados a ceder soberanía. España también es un país muy descentralizado, pero que requiere ajustes.

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