¿Dónde está el lobby ciudadano?

Era de esperar, pero no por eso deja de sorprender la virulencia con que han respondido. Hasta 26 recursos han presentado los hoteles ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya contra la moratoria del gobierno de Ada Colau que suspende durante un periodo máximo de un año la construcción de nuevos establecimientos turísticos en un intento de poner orden a tanto desmadre. Y es mejor que nos tomemos unas cuantas infusiones de valeriana porque probablemente la cifra de recursos irá en aumento.

El ataque frontal de este importante lobby económico contra el gobierno de la ciudad escogido en las urnas es escandaloso y demuestra una vez más que al capital le importa un rábano la democracia, los derechos humanos y muchos menos el patrimonio arquitectónico o la calidad de vida de Barcelona. Protegidos por el anterior gobierno neoliberal de Xavier Trias, que les dio luz verde para hacer lo que quisieran como si la ciudad fuese suya, los hoteleros no están dispuestos a renunciar ahora a la gallina de los huevos de oro. Haciendo una interpretación forzada de la ley urbanística esgrimen un certificado que les permite presentar un proyecto de licencia como una prueba irrefutable de su derecho a saltarse la moratoria.

El lobby hotelero no está solo en esta misión. Cuenta con el apoyo de buena parte de la prensa barcelonesa que, desde sus páginas, día sí y día también, contribuye a bombardear la línea de flotación del gobierno Colau publicando infinidad de artículos de expertos y periodistas que repiten hasta el aburrimiento las consignas de quien les da de comer. Algún diario que se ha quedado sin subvención municipal se ha atrevido incluso a interpretar retorcidamente como una rectificación que el consistorio esté dando el visto bueno a los proyectos que ya tenían los trámites aprobados antes de la entrada en vigor de la moratoria.

El caso me recuerda mucho al de la perrera de lujo con calefacción y aire acondicionado de la teniente de alcalde ecosocialista Imma Mayol que se tenía que construir en el Tibidabo, al lado de las escuelas de los ricos. La presión sobre el gobierno Hereu fue tan brutal que el polémico proyecto acabó guardado en un cajón y nunca más se ha sabido de él. A diferencia de Jordi Hereu, espero que la alcaldesa Colau los tenga mejor puestos y no ceda a las presiones a pesar de las amenazas constantes de acabar sin un euro por las indemnizaciones millonarias que presuntamente tendrá que pagar a los pobres hoteleros.

Dejando de lado las críticas lícitas de la oposición a las formas con que el Ayuntamiento de Barcelona ha gestionado el tema de la moratoria turística y los intereses ocultos de algunos grupos municipales, es incuestionable que la decisión de no dar nuevas licencias ha sido bien recibida por una parte importante de los barceloneses, sobre todo los que viven en los barrios que soportan una presión turística mayor. Hacer un paréntesis de unos meses hasta tener hecho el estudio que ponga orden a esta actividad económica, la racionalice y reduzca su impacto negativo sobre determinados barrios parece lógico y conveniente si queremos que la gallina de los huevos de oro no sufra de restreñimiento crónico.

Quizás ya sería hora de sacar de nuevo a la calle al desmovilizado lobby ciudadano para apoyar al gobierno Colau y equilibrar la balanza de las presiones hoteleras, políticas y periodísticas. Pensar que como gobiernan los míos ya no me he de movilizar por nada es un error que la Barcelona popular no se puede permitir repetir.

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