Arranca nuevamente el curso escolar y miles de niños y niñas, así como el respectivo personal, volverán a llenar las aulas de las guarderías. Este es uno de los sectores en el ámbito de los servicios públicos que más ha notado el lastre de la crisis económica, dado que los ataques que ha ido sufriendo los últimos años han sido constantes.
En Barcelona, el alcalde Trias sabe muy bien como hacerles la jugada y ha acumulado sobre las espaldas de la educación no obligatoria municipal el peso de la inequidad con que se está intentando salir de la crisis. Desde que el alcalde convergente conquistara la alcaldía, ha incrementado las ratios de las aulas, ha disminuido el personal y ha apostado por la privatización en la gestión y el concierto de plazas. La sociedad civil se ha organizado y ha entregado en el Ayuntamiento 25.000 firmas contra la contrarreforma municipal, que en un ejercicio de autoritarismo caduco han decidido vetar.
Así de caliente empieza el curso, el educativo y el político, con un medio mandato por detrás que ha sido tenso y otro medio por delante donde la resignación de las familias y los y las docentes parece lejana. El principal problema es de cariz normativo: la educación de cero a tres años no es obligatoria. Las fuerzas progresistas que estuvieron en el Ayuntamiento optaron por un sistema garantista de prestación de este servicio, si bien muy lejos de satisfacer la globalidad de la demanda de plazas. Parece que ahora esta estrategia se revierte, y esto es grave dado que a menor nivel de renta menores son las posibilidades de acceder a una plaza privada, ensanchándose por lo tanto la fractura entre clases sociales.
La importancia de la inversión pública en Educación 0-3 no es ya sólo una cuestión política o ideológica (que también), sino una que tenemos en las universidades profesionales que están gritando «por aquí no vamos bien!». La socióloga Sara Moreno advertía en el artículo Guarderías: conciliar o educar? que hay que reforzar la oferta de plazas porque es notoria la diferencia entre el nivel cognitivo de una o un niño que ha disfrutado de estos tres años de escolarización y otro que no, pero también apunta que hacen falta más plazas para impedir que las mujeres que se quedan en el paro se vuelvan a recluir en tareas de cuidado. Por otro lado, el estudio Regímenes Autonómicos de Bienestar publicado por el Instituto de Estudios Autonómicos advierte que, en territorios como Catalunya, el refuerzo de la opción concertada puede ser una alternativa segregadora, dado que los centros con concierto pueden escoger el alumnado excluyendo las y los que consederin que no están suficientemente capacitados.
Todo ello puede tender a reducir las oportunidades de quienes menos tienen, dado que la concertación de plazas (como el Ayuntamiento estudia) dibuja una barrera de clases y el incremento de ratios puede reducir la calidad del servicio de una forma considerable. Además, la gestión privada de nuevas guarderías puede seducir al Ayuntamiento con costes más bajos, pero siempre a expensas de sueldos más miserables para los trabajadores y trabajadoras de los centros. Xavier Trias podía escoger modelo de ciudad, y lo ha elegido: los recortes en educación, la reforma VIP del Paseo de Gràcia, la marina de lujo en el Port Vell, el Plan de (Ab)Usos de Ciutat Vella, la inversión especulativa en Fórmula 1 en Montmeló… todos ellos son ejemplos de un modelo de ciudad para ver pero no para vivir, basada en el turismo y el bajo valor añadido y por consiguiente una sociedad más fragmentada, desigual y frustrada.