Su hijo, Carlos Colomer, es el paradigma del empresario nacionalista catalán, con la señera en el corazón… pero los negocios en Madrid. La alcurnia continúa con David Madí, que fue la mano derecha de Artur Mas y jefe de sus campañas electorales.
El 1978, la multinacional norteamericana Revlon compró la firma catalana de cosmética Henry-Colomer. En el año 2000, el hijo del fundador de la empresa, Carlos Colomer, la recompró a Revlon y creó The Colomer Group (TCG). Y ahora, Revlon acaba de anunciar que vuelve a comprar la empresa de Colomer. Esta curiosa partida de ping-pong empresarial a un lado y otro del Atlántico se explica por la impaciencia de los socios financieros de Carlos Colomer (el grupo de capital riesgo británico CVC Capital Partners) para sacar jugo a su inversión, a la cual estaban ligados desde hace trece años.
Aunque apenas se hable en los medios de comunicación, Carlos Colomer es uno de los empresarios más influyentes de Barcelona. Por un lado, porque está estrechamente vinculado al mundo nacionalista catalán y, por otro, porque está incrustado en el núcleo duro del poder económico madrileño. Esta aparente esquizofrenia retrata muy bien la doble cara de la alta burguesía catalana, que tiene la señera en el corazón, pero que se juega el dinero en Madrid.
La primera venta a Revlon
Viejo amigo de César Alierta desde los tiempos de Beta Capital, Carlos Colomer ha visto recompensada esta relación con el cargo de consejero en Telefónica, donde actualmente ocupa la presidencia de la comisión de auditoría y control. Antes, había llegado a ser vicepresidente de Altadis (Tabacalera), consejero del Banco Santander y, hasta hace poco, consejero de la compañía aérea Vueling. Además, el año pasado fue nombrado consejero del grupo de infraestructuras Abertis, después de que CVC Capital Partners, donde figura como consultor, comprara un importante paquete accionarial.
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