El candidato a la alcaldía de Barcelona Manuel Valls ha quedado descolocado. Está inmerso en plena campaña electoral y todavía no entiende como es que su figura no es el revulsivo que tenía que ser para catapultarlo a la alcaldía. De hecho, ha diseñado una campaña que tanto sus rivales como sus socios de Ciudadanos coinciden en calificar de antigua e impropia de un alcaldable.

Los carteles parecen desenterrados de la España de los años 80 del siglo pasado; sus mensajes hablan de competencias que no son las de un consistorio municipal; hace actos electorales fuera de Barcelona solo para dejarse ver entre gente que no se acercaría nunca a un mitin suyo en la ciudad. La cosa está tan mal para Manuel Valls que se ha encontrado que necesita a Inés Arrimadas (Cs) en los actos electorales para poder llenar los mítines. La cruda realidad le ha dejado descolocado.