Las detenciones y encarcelamiento de siete miembros de los CDR han destapado que la Guardia Civil tenía en marcha una gran operación de rastreo y seguimiento de personas y grupos independentistas. Espionajes, grabaciones de conversaciones, seguimientos a la calle...

Esto ha hecho que muchos diputados, dirigentes y mandatarios de formaciones y entidades independentistas hayan redoblado sus esfuerzos para intentar evitar ser monitorizados por cuerpos policiales o por instrucciones judiciales. En algunos casos incluso puede estar justificado, pero las conversaciones en los pasillos del Parlament evidenciaban hace unos días que algunos han caído directamente en la paranoia y sólo les falta contratar un probador que compruebe los platos que piden en un restaurante antes de comérselos.