La Asamblea Nacional Catalana (ANC), bajo la batuta de Elisenda Paluzie, sigue actuando a trompicones. Su estrategia no es ni clara ni fija desde hace meses. Y sus actuales dirigentes lo saben. Por eso van probando, una y otra vez, fórmulas diferentes para intentar ser útiles al independentismo sin cargarse lo que desde el gobierno o los partidos hacen, y a la vez contentar a sus socios, cada vez más radicalizados. En esta busqueda de la estrategia continua han acabado apostando por acciones "directas, por sorpresa, unilaterales y con riesgos". Son acciones como las que pretendían inicialmente impedir el traslado de los presos –y que finalmente no se hizo asumiendo que no tenía posibilidades de llegar a buen puerto–, la ocupación de la sede de las instituciones europeas en Barcelona, o acampar en el centro de la ciudad de manera permanente.

La cuestión es que estas acciones parece que no acaban de convencer a gran parte del independentismo. Las cúpulas de los partidos soberanistas, parte del gobierno, sus socios de Òmnium e incluso parte de los fundadores e impulsores del ANC admiten en privado que no ven utilidad a este tipo de acciones. "Si nadie hablara del juicio, de los presos o del proceso, podría servir para llamar la atención dentro o fuera de Cataluña. ¡Pero el tema es a todos los medios! Acaben siendo acciones friquis sin sentido, más propias de los CDR", afirma, en privado, un miembro del gobierno.