Las encuestas no aciertan ni una. Últimamente, cada vez que se divisa un nuevo periodo electoral, los medios y los mismos partidos se gastan auténticas barbaridades encargando encuestas para intentar saber qué puede acabar siendo el resultado de los comicios o captar como respira la ciudadanía ante determinados inputs políticos. Pero cada vez más a menudo, los asesores de los partidos intentan convencer a las grandes mentes pensantes de las formaciones de la poca utilidad de hacer estos sondeos. Y es que las muestras son cada vez más bajas, el margen de error más alto, está comprobado que los encuestados mienten y hay en cada estudio más factores sociales y de imprevisión que ni se tienen en cuenta.

El resultado acaba siendo que las encuestas hacen modificar estrategias, mensajes y campañas sin que esto acabe influyendo en el resultado, porque los estudios a posteriori demuestran que los sondeos estaban equivocados y que no hay ningúno que detecte el factor clave de cada elección. Con las municipales y europeas cerca, cada vez más partidos se plantean dar la espalda a los sondeos y seguir adelante con independencia de lo que puedan decir encuestas hechas a 300 personas o titulares de diarios basados en sondeos poco fiables. Es por eso que entre los asesores de campaña ya se ha abierto el debate y la lucha entre los partidarios de encargar encuestas y los que optan por obviarlas por ser caras y servir de poca ayuda.