Ciudadanos (Cs) ha entrado en pánico. Siempre han confiado, y mucho, en las encuestas para dibujar hojas de ruta, estrategias e incluso cambios en el discurso. Pero ahora, por más preguntas alternativas que se hagan a los encuestados de cara a las elecciones catalanas, el resultado es el mismo: un fracaso estrepitoso, imposible de disimular.

Los últimos sondeos con que cuenta la dirección –la de Madrid, porque en Cs las direcciones territoriales tienen un peso nulo– les auguran una caída tan bestia que podría quedarse con un grupo parlamentario de entre cuatro y seis diputados, los mismos que podría obtener el PP, y dos menos de los que podría conseguir Vox, que se convertiría en el referente de la derecha española en Cataluña. Pero es que incluso concurriendo en coalición Cs y PPC podrían quedar por debajo de Vox, según la misma encuesta.

Dadas las circunstancias, los dirigentes catalanes de Ciudadanos ya empiezan a pensar qué pasará con el partido. Con las siglas entregadas a la derecha y sin el bastión de Cataluña, las posibilidades pasan por disolver la formación dentro del PP en toda España o dejar caer la formación hasta la irrellevància, como pasó con la UPyD de Rosa Díez. Quién parece que todavía vive al margen del dilema es la líder del partido, Inés Arrimadas, que, a pesar de las evidencias, sigue negando que la situación sea de crisis y no ve los riesgos de diluirse dentro del PP