Las elecciones municipales en Barcelona han sido una prueba de fuego para las relaciones entre JxCat y ERC. Acabe como acabe el Ayuntamiento, la campaña ha evidenciado los problemas entre los dos socios del gobierno de la Generalitat. Y tanto es así que a sólo tres días de las elecciones la candidata de JxCat, Elsa Artadi, admitía en reuniones privadas que si a Esquerra Republicana se le acudía cerrar un acuerdo de gobierno municipal con la Barcelona en común de Ada Colau, el gobierno catalán peligraba seriamente. "Si pactan, al gobierno (Quim) Torra le quedan dos días, con sentencia o sin sentencia del Supremo sobre los presos", afirmaba ante algunos periodistas.

Y de hecho, los postconvergentes ven la aproximación a los comunes como una alta traición a ellos, al gobierno catañán, a la unidad de acción independentista, y casi al país. Es odio visceral el que tiene JxCat hacia Ada Colau y los suyos. Fueron los que desalojaron a Xavier Trias del Ayuntamiento después de décadas intentado llegar y sólo un mandato con la vara de alcalde en la mano. Y no pueden soportar que aquellos que son sus socios en el gobierno puedan tener tratos precisamente con los comunes.