El PSC presumió de Josep Borrell antes de ser ministro de Exteriores. Era el típico pope semijubilado que podía alterar su discurso, extremar un poco los planteamientos porque después el partido pudiera abrazar más electorado. Pero Pedro Sánchez le hizo ministro, y él se otorgó el papel de ariete del antiindependentismo, de abanderado de todas las invectivas que se podían haber dicho desde el PP, pero ahora salían de un gobierno socialista.

E incomodaba al PSC, día sí y día también. Con su relevo –patada hacia arriba, vía Comisión Europea– los socialistas catalanes respiran aliviados, celebran su marcha y muestran una eterna simpatía por el nuevo equipo de Exteriores y el nuevo planteamiento de España Global, la institución que utilizaba Borrell para hacer de las suyas.