El consejero de Cultura, Santi Vila, se ha convertido en el consejero díscolo, el que no encaja, el que mea fuera de tiesto, el que se enfrenta al propio presidente de la Generalitat, y desde hace unos días también en el exiliado. En el mundo de la política y de los medios de comunicación, todo el mundo conocía que el Tribunal Constitucional tenía previsto hacer pública su sentencia contra la prohibición de los toros en Cataluña entre los días 19 y 20 de octubre. Los 'correbous' es uno de aquellos temas que ha convertido a Vila en la 'rara avis' del Govern y del sobiranismo catalán.

El consejero repite a todo aquel que quiera escucharlo que continúa siendo contrario a la prohibición de la tauromaquia, que cree que es un arte y que personalmente siempre le han gustado los toros en la calle. Con el TC a punto de hacer pública su sentencia, y con el Parlament lleno de la prensa aquellos días porque había pleno, era un auténtico peligro para el relato del Gobierno que Vila se acercara por los pasillos. La tentación de un micrófono preguntando y un consejero rompiendo el relato oficial y poniéndose del lado del Constitucional era demasiado grande.

Casualidad o no, justo aquel día que saltaba la sentencia, Vila no apareció por el Parlament. Ni por ninguno otro lugar con periodistas catalanes. De hecho, casualidad o no, el Gobierno envió a Santi Vila bien lejos aquel día, y el consejero pasó un par de días en la Feria literaria de Frankfurt. El díscolo, también exiliado.