La Asamblea Nacional Catalana (ANC) ya no es la que era. Aquella entidad capaz de reunir miles de personas cualquier día de la semana en la época del año que fuera y en un tiempo récord, ya no está ni con mucha imaginación. El giro que ha impregnado Elisenda Paluzie a la entidad la está sumiendo cada vez en un círculo más pequeño de fanáticos de la independencia que ya no se movilizan por un objetivo sino por pura pasión visceral.

Prueba de ello es una de las últimas acciones que impulsó, en la qué hicieron un llamamiento a los independentistas a reunirse a las puertas de la Sagrada Familia de Barcelona para protestar por el juicio del procés. Respondieron poco más de un centenar de personas, que se dedicaron a repartir panfletos entre los visitantes mientras gritaban "independencia" a la cara de los turistas. Los pobres extranjeros debían alucinar con el friquismo de la acción.