El pleno del Parlamento de Cataluña aprobó la semana pasada una moción impulsada por el PSC que exige al presidente de la Generalitat, Quim Torra, que se someta a una cuestión de confianza para comprobar los apoyos que tiene en la cámara para continuar en el cargo o que convoque elecciones. Y es que sólo JxCat y ERC se opusieron a la moción; Cs, PSC, comunes y PP quedaron al otro lado, y la CUP se negó a participar en la votación a pesar de admitir que la "legislatura está agotada".

A puerta cerrada, incluso los independentistas admiten que el gobierno funciona con baja intensidad, que gestiona de manera más bien justita, y que los apoyos del ejecutivo en el Parlament no llegan a los necesarios porque ni comunes ni CUP se hayan puesto bien. En circunstancias normales, admiten, las elecciones en el Parlament estarían al caer. Pero en el gobierno saben que si queman la carta de las elecciones ahora, pierden una posible respuesta a la sentencia del juicio del 1-O. Pero esta moción aprobada en el Parlamento catalán ha tocado en hueso en el Palau de la Generalitat. Y el entorno al presidente ve negro que pueda continuar soportando la presión de un Parlamento hostil, sin apoyos para poder gobernar, y con unos socios que dudan de su valía como presidente y jefe del gobierno. El fantasma de las elecciones planea de nuevo sobre el Palau de la Generalitat.