El consejero catalán de Interior, Miquel Buch, es uno de los perfiles políticos que menos protagonismo ha tenido en la lucha interna entre ­JxCat, el PDECat, la Crida y todo el espacio postconvergente. El proceso de desintegración de la antigua CDC y la conversión en una nueva formación al servicio de Carles Puigdemont ha provocado muchas tensiones entre los diferentes sectores. Y ha hecho que numerosos dirigentes y caras conocidas acaben tomando partido por una opción o la otra.

El caso de Buch, pero, ha sido de los más paradigmáticos. El consejero es miembro del PDECat y de su dirección, y nunca ha querido contradecir a su presidente, David Bonvehí. No le ha desautorizado, y de hecho su nombre ha sonado varias veces como nueva cara visible del partido si Bonvehí dejaba el cargo.

Por otro lado, Buch no ha mostrado adhesión completa a los postulados de Puigdemont. Nunca ha querido que su nombre aparezca entre los primeros firmantes de sus documentos. Pero después los difunde mostrando simpatía con ellos. De este modo, se asegura seguir estando entre los que podrían liderar un nuevo PDECat si la formación no desaparece, y a la vez ser uno de los de la órbita de Puigdemont si el PDECat queda aniquilado. Y es que gente muy cercana a él asegura que quiere jugar a dos bandas para no quedarse colgado y sin paraguas, gane quién gane la batalla interna.