El presidente de la Generalitat, Quim Torra, quiso actuar como líder del movimiento independentista hace unos meses poniendo en marcha una ronda de contactos y de reuniones con partidos, instituciones, entidades y agentes sociales. La intención del presidente en esta ronda de reuniones era "escuchar" las propuestas y la visión que todo el mundo tiene sobre cómo se puede desencallar la crisis del independentismo con España. Pretendía, a la vez, hacerse así una idea propia del estado de las cosas, de forma que podría presentar su propuesta para afrontar el futuro político del proceso independentista y la respuesta a las más que probables condenas del juicio del 1-O.

Pero resulta que las reuniones son de tan bajo perfil, y los que pasan por su despacho salen con tan pocas expectativas que los encuentros de Torra han perdido todo el interés para la clase política, los medios y el independentismo en general. "No saldrá nada, de aquí" o "sólo busca una excusa para justificar que propondrá algo y dirá que muchos le han comentado esto, pero no será así", son algunas de las reacciones de algunos de los dirigentes que se han visto con el presidente en esta ronda. Y es que el interés es tan bajo que, por ejemplo, la reunión que tuvo con los dos sindicatos mayoritarios –y que en otra época habría reunido decenas de medios- sólo tuvo el seguimiento de los medios públicos. Y sin mucho eco, tampoco.