La pandemia de coronavirus está poniendo en crisis muchos de los sistemas de governanza dentro y fuera de muchos países del mundo. Las vacilaciones iniciales sobre la gran contagiosidad del virus sorprendieron a la sanidad china, pero no a los médicos y médicas de primera línea de fuego, que ya detectaron que las neumonías que tenían delante eran diferentes y que su agresividad era muy alta. La carencia de medidas adecuadas costó el cargo a algunos políticos y la vida a 31 profesionales de la medicina, además de a 3.000 habitantes.

Desde el momento en que se detectó que era una epidemia, las vacilaciones de la OMS, que se tenía que fiar de las informaciones que le llegaban del foco epidémico, y la soledad de los expertos, a los que se dejó tomar las primeras medidas, retrasaron las decisiones políticas.

Los expertos se tienen que escuchar, pero su trabajo es dudar; por eso investigan, dan datos y observan las oscilaciones de las epidemias, pero cuando se hacen tan grandes y tan globales es necesaria una governanza compartida, a todos los niveles, desde el mundo local y de proximidad hasta la coordinación al más alto nivel de cada país y entre países diversos.

Casi dos meses ha tardado el director ejecutivo del programa de Emergencias Sanitarias de la OMS en definir que la estrategia correcta era Detectar, Aislar y Tratar. Y además hacerlo con mucha rapidez, identificando casos y buscando sus contactos. No se puede bajar la guardia en la definición de casos, y no es correcto que las autoridades sanitarias catalanas minusvaloren los tests diagnósticos, en contra de las directrices de la OMS y de las evidencias científicas.

En segundo lugar, cuando aparecen brotes incontrolados, de los que no se puede seguir el origen, se propone el confinamiento, que sólo hace más lenta la evolución, para no colapsar los sistemas sanitarios. Los virus sólo viven si encuentran otro ser vivo para colonizar y multiplicarse. Por eso son tan importantes las medidas que tienen que tomar los ciudadanos, la reducción de la movilidad, y menos útiles el cierre de fronteras. La batalla contra una pandemia no es me salvo yo y que los otros se mueran. Los sistemas sanitarios tienen que trabajar coordinados, y repartiendo al máximo los recursos de prevención para los profesionales, y las unidades de atención urgente a las personas más graves.

De hecho, en España, durante un mes, se ha trabajado de forma coordinada con el Consejo interterritorial y el ministro Salvador Illa. A medida que crecía la epidemia, cuando ha habido un agravamiento, ha sido necesario decretar el estado de alarma, propuesto para 15 días, puesto que se tienen que tomar muchas medidas drásticas para asegurar la salud de toda la población. La voz disonante del presidente de la Generalitat, Quim Torra, alegando que él tenía la solución que nadie más tiene en el mundo, y rompiendo la buena respuesta ciudadana, nos ha hecho sentir vergüenza a muchas catalanas y catalanes. Situar el problema en la repetida música de la centralización, cuando Bélgica y Alemania han hecho lo mismo, demuestra cómo es de difícil hacer governanza compartida entre algunos políticos. Pone en crisis la incapacidad de muchos políticos que piensan sólo en clave electoral y de forma insolidaria respecto a la salud de su población y del resto del mundo.

Las decisiones eficaces no son los golpes contundentes, son las decisiones que tienen en cuenta todas las prioridades. En Europa ha habido
prácticas mejores, aunque he echado de menos un gabinete de crisis comunitario. Los ministros de Salud se han reunido dos veces presencialmente y dos virtualmente. Nunca se habían visto tanto, y han llegado a acuerdos progresivos, preparados para tomar decisiones más duras por la previsible extensión de la pandemia en Europa. ¿Preparados para compartir?

En contraposición a la actitud cerrada de algunos políticos, la información constante sobre la rapidez de la extensión del virus ha hecho cambiar muchas actitudes ciudadanas, y una pandemia de esta magnitud ha estimulado la solidaridad del mundo.

Durante dos meses los chinos recibieron todo tipo de agresiones por la epidemia desarrollada en Wuhan. Por el contrario, no ha pasado ni un día de la reducción de los casos detectados en la China y ya muestran su ayuda al mundo. El desembarco de 30 toneladas de material y personal sanitario chino en Italia hace tambalear todos los muros y fronteras con una oleada de fraternidad y sororidad inédita en este mundo de crecientes nacionalismos autárquicos.

Los valores políticos de la convivencia ciudadana van señalando el camino de los futuros gobiernos federales, forzosamente gobiernos compartidos.