El pasado 16 de noviembre, la Fundación Campalans con la Fundación Pablo Iglesias y la Friedrich Ebert Stiftung organizaron la IV Convención Federalista en Barcelona. Una sala atestada tuvo la oportunidad de escuchar de un elenco de primeras figuras políticas y académicas la coincidencia de opiniones en cuanto a la necesidad de reformar la Constitución Española (CE) en sentido federal. No haré mención de lo que cada uno de ellos dijo, pero si de la coincidencia en pensar que a pesar de la necesidad de las reformas, el momento político y el consenso necesario la convierten en una tarea complicada, pero a la que no tendríamos que renunciar.

Una reforma de este tipo sería muy recibida por la población catalana, teniendo en cuenta que en la última encuesta del CEO, la mayor parte de la población pivota entre la voluntad de continuar con el Estado autonómico y un Estado federal. En cuanto al resto de España, es significativa la proliferación de asociaciones federalistas en varias comunidades autónomas cómo: Aragón, Cantabria, País Vasco, Andalucía, Madrid o País Valenciano, que se añaden a la catalana Federalistes d'Esquerres.

La CE del 78 permitió el desarrollo autonómico y la descentralización del Estado con mucha rapidez. Un viaje por España nos muestra visualmente los cambios de paisajes y la idiosincrasia de las ciudades. Se puede decir que gracias a la descentralización, la democracia ha llegado a la vida cotidiana de los ciudadanos.

El mapa resultante da a entender que no sólo Catalunya y el país Vasco tienen especificidades y el sentido de una personalidad propia. Otras muchas autonomías se añaden a este sentimiento: Andalucía, País Valenciano, Cantabria, Navarra, Canarias, etc. A estas alturas es baladí la discusión de si se tiene que hablar de un federalismo simétrico o asimétrico. Tendría que ser un federalismo que respete las diferencias que ya existen entre omunidades, pero con los mismos derechos básicos de todos los ciudadanos, independientemente de donde vivan.

En la CE tan sólo se apuntan los rasgos fundamentales de la evolución de las autonomías. Su desarrollo nos ha dado los mejores años de nuestra historia, pero los problemas que tenemos descubren sus carencias iniciales, y hace falta su modificación. Por ejemplo, la falta de definición de las competencias (elemento clave de cualquier estado federal) genera irracionalidad en las transferencias y mucha conflictividad que se ha trasladado al Tribunal Constitucional. La financiación autonómica obliga a un permanente "toma y daca" por el reparto de recursos.

Los conflictos, inherentes a cualquier sociedad compleja, sufren de carencia de estructuras federales para ayudar a resolverlos, como es el ejemplo del Senado que se llama cámara territorial, pero que los mecanismos de elección de sus representantes la transforman en una cámara de segunda lectura. Tampoco tenemos estructuras transversales que permitan la colaboración entre CCAA. Así mismo, la CE ignora la pertinencia de España a la UE, puesto que en el momento en que fue hecha nadie se podía imaginar la historia que vendría.

No resolver los problemas que tenemos es la mejor manera de producir desafección y procesos de centrifugación. También és dar argumentos a los que querrían destruir nuestra democracia, que no son otros que los que hablan de patrias y se olvidan de la gente, de los nacionalismos de uno u otro sentido. Nacionalismos que querrían recentralizar y recorrer hacia atrás el hilo de la historia y nacionalismos que querrían que renunciáramos a parte de nuestra identidad, haciéndonos recorrer un camino que recuerda problemas de los siglos XIX y XX.

La cohesión territorial está en peligro en un país que se ha descentralizado mucho, pero se precisan elementos fundamentales que tienen los países federales, como es una cultura federal que no aceptaría que ningún representante de ningún territorio hable mal del conjunto y se proveería de herramientas para permitir la colaboración entre territorios y de mecanismos para resolver los conflictos.

Quizás ahora, con un Parlamento donde se ha incrementado de forma ostensible la representación de partidos regionalistas y los partidos de gobierno le han visto las orejas al lobo, les entre a todos un arrebato de responsabilidad, se decidan a poner manos a la obra y empiecen a hacer las reformas que necesitamos para reforzar nuestro sistema institucional.