Tengo un amigo independentista que sigue empeñado en hacerme ver que estoy equivocada. El último capítulo de su imposible misión ha sido enviarme una peculiar encuesta que ha hecho el profesor Colomines para confirmar que la propuesta mediática del desmelenado Puigdemont para hacer una candidatura unitaria europea ha tenido un apoyo abrumador en la galaxia procesista. El poco riguroso trabajo de campo se ha hecho a través de las redes sociales y de los 15.840 votos emitidos, un 88% se muestra a favor del tridente Junqueras-Puigdemont-Gabriel para ir a Bruselas a hacer proselitismo de la causa perdida catalana. Como dice Agustí Colomines en un intento de presionar a ERC, “Twitter no es el mundo, pero el número de votos es bastante voluminoso”. Con que solo voten los convergentes tuneados ya tenemos de sobras.

La bronca de estos días entre los antiguos amantes es monumental e incluso yo estoy descolocada por su virulencia. No quiero ni imaginar cómo serán de intensas las reuniones semanales del Consejo de desGobierno. Entiendo que Puigdemont se aburra a Waterloo y, como el profesor Bacterio, se dedique a buscar la fórmula mágica para salvar su piel, porque la de los otros parece no importarle mucho. Nadie con un poco de ambición que haya tocado poder quiere acabar en la papelera de la historia, aunque la suya no haya sido una presidencia ni memorable ni honorable. Sin embargo, esto de publicitar una candidatura unitaria cuando tus presuntos socios no saben nada y tienes a buena parte de tu gobierno pudriéndose en la cárcel es feo de narices.

El nerviosismo entre las filas convergentes tuneadas porque ERC busca ahora otras parejas de baile está dejando momentos delirantes que abocan al inoperante gobierno del títere Torra a la implosión. Y no solo lo digo por la encuesta de Colomines y la propuesta de Puigdemont. Lo digo también por el asedio sin precedentes que están sufriendo los republicanos. La cuenta de Twitter de Joan Tardà está a punto de reventar de insultos y conociendo su temperamento, que su exilio en el Congreso ha modelado pero no ha borrado, entiendo que este gato viejo haya perdido los papeles y ahora califique de “estercolero” a la banda de patriotas incendiarios que se dedica a destrozarlo por botifler.

Los arrogantes herederos del pujolismo están acostumbrados a mandar y supongo que es por esto que reaccionan así cada vez que alguien no hace lo que ellos quieren y pone en peligro su supervivencia política. Recuerdo cómo destrozaron a los cuperos cuando se negaron a investir al rey Artur como presidente de la Generalitat y ahora les ha tocado recibir a los pardillos de ERC. Otro amigo, éste dependentista, asegura que los antiguos convergentes han vampirizado el partido de Junqueras hasta dejarlo sin glóbulos rojos y yo me imagino a Puigdemont con colmillos afilados, bebiendo sangre fresca de militantes republicanos para cenar y durmiendo en un confortable ataúd lleno de tierra catalana. Será inmortal, pero está más solo que la una.

No sé si son vampiros o simplemente parásitos. El hecho es que la dirección republicana se está cansando de llevar a la momia convergente enganchada en la joroba. Muchos años de giro a la derecha a cambio de nada, supongo. Ahora tiene ganas de ver si es capaz de hacer realidad el sorpasso que prevén las encuestas y gobernarlo todo, como Sauron, en solitario o con otra pareja que no le chupe toda la sangre. La Operación Barcelona, con cambio de alcaldable a toda prisa y creación de un medio de comunicación a medida, es la prueba. También lo es la negociación con BNG y Bildu para reeditar la coalición a las elecciones europeas que ha desvelado Tardà y que ha desatado la ira de los dioses que no entienden de unidad de acción postelectoral. Veremos cómo acaba esta entretenida historia de terror.