Pero… ¿no habíamos quedado que queríamos sentarnos y dialogar? Los del Tsunami insistieron hasta la extenuación: Spain, sit and talk. La España del PP no quería y la del PSOE lo necesita. Así, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, ERC ha cambiado votos por mesa de diálogo, y en ella se han sentado los presidentes Pedro Sánchez y Quim Torra, encabezando una negociación con miembros del PSOE y Podemos/comuns de un lado, y JxCat y ERC del otro. Por lo tanto, las exigencias (¿súplicas?) de Tsunami han sido escucha. Esta realidad no quita, sin embargo, que la mesa pueda acabar como el rosario de la aurora. Es más, visto como está el patio, nada hace pensar que las negociaciones transiten por un camino de rosas. No obstante, dinamitar la mesa al primer ‘Déu vos guard’ no parece la mejor manera de afrontar una negociación. Todo ello antes de que comience la época de rebajas; ya se sabe que en una negociación para llegar a un acuerdo las dos partes (¿cuatro?) deben ceder -se enseña en párvulos de conflictología.

Con la pitada a Oriol Junqueras -líder republicano y artífice de la mesa- en Perpiñán, el independentismo se ha disparado un tiro en el pie, otro. Unos cuantos de los muchos presentes, aprovecharon que Junqueras habló de la mesa de diálogo para abuchearle. Fue un silbido 'patriótico' de silbadores que campan libres y lozanos, mientras el objeto de sus críticas guarda prisión. Para redondearlo, la eurodiputada Clara Ponsatí bramó: "No nos dejamos embaucar por mesas y diálogos de engaño". A ella la aplaudieron, entre otros el presidente Torra, que forma parte de la mesa de diálogo, la del engaño que dice la exconsellera. Después, para remachar el clavo, el también eurodiputado Carles Puigdemont ignoró la mesa que él mismo había exigido (¿suplicado?).

¿Ahora que tenemos mesa de diálogo, no la queremos? La coherencia en política se convierte con demasiada frecuencia en un oxímoron, especialmente cuando se acercan elecciones, como en el caso catalán. Ahora, más que nunca, si ERC dice blanco, JxCat responde negro, y al revés. Así, la mesa que todos habían reclamado es ahora algo de Esquerra, y a la otra mitad ya no le gusta. Entonces, uno no puede más que pensar: ¿Con estos debemos ser independientes? Pero si no saben ni abrocharse los cordones de los zapatos... ¡Que Dios nos coja confesados!