Es muy curioso que, el mismo día, dos opciones políticas situadas en extremos ideológicos opuestos se acusen mutuamente de promover un golpe de estado. En Bolivia, la oposición conservadora acusó a Evo Morales de dar un golpe de estado falseando el resultado de las elecciones presidenciales y respondió dando uno de real, obligándolo a asilarse en México.

En España ha pasado una cosa parecida pero circunscrita al terreno de las declaraciones públicas. Mientras en el Congreso de los Diputados se acusaba de traidor y golpista a Pedro Sánchez por buscar su investidura como presidente del gobierno con el apoyo de partidos independentistas catalanes y vascos, en el Parlamento de Catalunya las opciones independentistas acusaban a la Junta Electoral Central de dar un golpe de estado por su decisión de inhabilitar a Quim Torra.

En las puertas del Congreso de los Diputados se congregaron manifestantes que, blandiendo banderas de España, gritaban "¡Sánchez dimisión, Torra a la prisión!". Un centenar de personas hacían elo mismo ante la sede del PSC en Barcelona. Paralelamente, ante el Parlamento de Catalunya otros manifestantes, en este caso exhibiendo banderas esteladas, reclamaban "¡Sánchez dimisión, Torra presidente!". Unos y otros coincidían en pedir la dimisión de Pedro Sánchez desde posiciones antitéticas.

En los discursos que se escucharon en las dos cámaras parlamentarias se presentaron visiones también contrapuestas sobre la relación entre el gobierno socialista y el aparato judicial. La derecha española lo acusó de presionar a la Abogacía del Estado para ue diera por buena la sentencia del Tribunal Superior de la Unión Europea que reconoce el derecho de Oriol Junqueras a recoger su acta de eurodiputado. La derecha y la izquierda independentista catalana, simultáneamente, lo acusaban de ser corresponsable de lo que se conoce como 'judicialización de la política' y de dirigir un 'Estado represor'.

Mi hijo estudia Informática y cuando me enseña sus ejercicios universitarios no entiendo nada. Seguramente le pasaría el mismo a un observador ajeno que analizase los discursos de la política española de hoy.

'Spain is different', decían. Debe de ser esto pero quizás que de la diferencia, las diferencias, hiciéramos virtud y no herramientas de combate y confrontación intransigente.