En la avenida Icaria de Barcelona hacía días que veía cada mañana un hombre sepultado bajo una montaña de ropa, mantas, bolsas y cartones, sentado en un banco. Incluso en los días de frío y lluvia me lo encontraba camino de mi almuerzo. Cuando llovía, añadía un paraguas a su montaje. Este domingo no estaba. Por la noche hizo un viento de mil demonios y quizás contra este elemento ya no ha podido batallar. O quizás ha hecho caso de los trabajadores municipales o de la Fundación Arrels a quienes los vecinos han advertido de la presencia persistente de este hombre siempre en el mismo lugar. Lo que suele pasar en casos así es que el sin techo rechaza las propuestas de pasar la noche en un albergue municipal o privado. Bien es verdad que trasladar el montón de cosas que lo rodeaban en el banco no se intuía fácil. 

Que hay mucha gente que vive y duerme en la calle lo sabemos de toda la vida. De adolescente creía que la culpa de su triste situación la tenía el franquismo, convencimiento que me hace entender a quienes a estas alturas imputan al franquismo males de la sociedad actual. Pero una cosa son los ojos de un adolescente que no entiende que haya gente que duerma en el suelo en su ciudad y otra que gente adulta se trague que la España actual es la misma que malogró el dictador Franco durante cerca de cuarenta años.

¿No hay manera de poner fin a esta realidad? ¿Es consustancial al sistema capitalista y de economía de mercado en el que vivimos? ¿Va ligado a la condición humana? ¿Hay personas que necesitan viviendas espectaculares para vivir a gusto y otras que no querrán nunca tener un techo propio?

Pep Garrido y Xesc Cabot han dirigido la película 'Sin techo'. La acaban de estrenar en los cines Girona, en Barcelona. Nos explican la historia de Joan, un hombre que vive y duerme en las calles de la capital catalana. Es un trabajo sin concesiones. Duro. Realista. El protagonista, Enric Molina, ha vivido la experiencia de ser un 'sin techo', a pesar de que no interpreta exactamente su historia. No encontraréis soluciones a un problema que parece endémico. Que te lo restrieguen por la cara durante una hora y media incomoda.

Oriol Junqueras dice que la independencia es irreversible y un nuevo referéndum, inevitable. Quim Torra tuitea que "la represión sólo se parará con la independencia". Y me pregunto cuál es el antídoto para que algún día se pare el sufrimiento de los sin techo, deje de ser inevitable e irreversible.

Al anochecer fui a ver si había vuelto. Y ahí estaba, en el banco de siempre, como un elemento decorativo más de la avenida.