El periodismo en Catalunya sufre tres males. Uno es la vergüenza de unos medios públicos dependientes de la Generalitat que han pasado a la historia como los más sectarios del siglo XXI en los países de la Unión Europea. Quizás los de Flandes se les pueden equiparar. Lo desconozco pero dlo udo. Otro mal es la dependencia de los medios tradicionales de entidades financieras que influyen de forma determinante en su línea editorial. Y el tercero es la precariedad que afecta a gran parte de los profesionales.

Hace unos días se debatió sobre esta precariedad en un acto convocado por la Asociación de Mujeres Periodistas de Catalunya, el Grupo de Periodistas Ramon Barnils, el Sindicato de Periodistas de Catalunya, Som Atents y Solidaridad y Comunicación-SICOM. participaron representantes del Colegio de Periodistas de Catalunya, de la Comisión 8 de marzo, de CNT-Medios de comunicación y periodistas y profesores de facultades de Ciencias de la Comunicación.

Da la sensación que la lucha contra la precariedad laboral de los periodistas es inútil. Que no hay nada a hacer, que las cosas son cómo son y no las podemos cambiar. Que los mismos directivos de medios que dicen que se tiene que combatir la precariedad pagan miserias a sus colaboradores. Ser 'free lance' y pretender vivir dignamente de los artículos o las intervenciones en medios audiovisuales catalanes o españoles es casi imposible. Una de las participantes en el acto explicó que ella vive de los trabajos que hace para la BBC. Que si tuviera que hacerlo con lo que cobra de las colaboraciones en medios de aquí se tendría que dedicar a cualquier otra actividad.

¿Es así? ¿No hay nada a hacer? De Francia nos llegan noticias de que la legislación ampara unos mínimos derechos laborales y retributivos para los periodistas, contratados o 'free lance'. También es cierto que el número de profesionales que salen de las facultades de ciencias de la comunicación francesas es muy inferior al de los que los que se gradúan cada año en las nuestras.

Por otro lado, los jóvenes periodistas constatan el desnivel enorme que hay entre lo que los ofrecen por contratarlos y lo que cobran los que hace muchos años que trabajan en los grandes medios privados o públicos. Os podéis imaginar qué cara pone un periodista joven cuando le ofrecen 800 euros por trabajar en jornada completa en un digital cuando sabe que un redactor de base de Catalunya Ràdio o TV3 tiene una nómina media de 50.000 euros.

Y la cara de este joven periodista se entristece más si además de la precariedad económica tiene que sufrir maltratos psicológicos en la redacción, hecho desgraciadamente demasiado frecuente. Mal pagados y mal tratados. ¿Es este el panorama al que se tienen que acostumbrar nuestros jóvenes periodistas? Imposible resignarse.

No sé como se puede cambiar esta situación. Lo que sí sé es que no será posible si cada cual hace la guerra por su cuenta. Si nos precarizan a una nos precarizan a todas, que dicen ahora.