Lo de Mauthausen, además de ignorancia, banalización, fanatismo y otras muchas y peores cosas, es un robo. Otro más, el último, de la larga cadena de ratería y fraude a los que tan acostumbrados nos tiene el “procés”.

Robar, que según Wikiquote es tomar para sí lo ajeno usando la fuerza y, por extensión, el engaño o la astucia, se dice igual en catalán que en castellano. En su origen, está la raíz indoeuropea “romper”.  O sea, que en esto del robar el hecho diferencial es irrelevante.

Roban los de la Gürtel, Pretoria, Malaya, Púnica… Roban Jaume Matas, Bárcenas, Urdangarin… Roban banqueros, industriales y funcionarios… Unos con guante blanco, otros con guante negro, otros con guante gris. Se roba por activa y por pasiva. Se roba tanto que poco tiene de extraño que lleguen a conformarse culturas del robo. Es decir, una forma peculiar de entender la vida y manejar las cosas basada en apropiarse de lo ajeno.

De robo sabemos mucho los catalanes. Casi medio centenar de casos relevantes ilustran la página que Wikipedia dedica al asunto. Banca Catalana, Palau de la Música, 3%.... Y decenas de ilustres nombres, encabezados por el de Jordi Pujol, avalan una industria del robo especialmente extensa, pujante y creativa en Cataluña.

Y cuando uno está en esto del robo, la cosa, claro, no empieza y termina en el dinero. Cuando se entiende la existencia como robo se acaba robando de todo. Desde afectos hasta latas de conservas, desde ideas hasta pomos de puertas, desde hechos históricos hasta móviles. Todo lo existente es susceptible de ser robado por el robador.

El nacionalismo catalán, fané, descangayado y carente de épica presentable, requería, como agua de mayo, de un relato digerible para consumo de su clientela. Para construirlo, con el mismo descaro con que se mete la mano en bolsillo ajeno, no se ha dudado en entrar a saco en los valores, las creencias, el pasado… que son patrimonio de todos y, muy en especial de los demócratas. Así, la Asamblea de Cataluña, como dice María Comín, se ha traducido en la ANC. La libertad, la democracia, los derechos humanos, votar, etc. etc. etc. nos son robados para incorporarlos a la narrativa “procesista”. Nos es robada la lucha antifranquista, la memoria de los presos políticos y los exiliados…

Este pillaje no tiene límites. Desde el reverso, digamos, a la ingeniería ideológica del “procés” tampoco le tiembla el pulso a la hora de asociar España a Franco; de patrimonializar, catalanizándola, la idea republicana; de calificar de “facha” a todo bicho viviente que no comulga con su credo… Y así sucesivamente, hasta llegar a Mauthausen.

Mauthausen no es más que otro jalón, especialmente sangrante, en la senda de la apropiación indebida, que con tanto empeño lleva a cabo el “procés”, a costa de todos y cada uno de los catalanes y de todos los españoles que, sin comerlo ni beberlo, estamos siendo expoliados por los ladrones del acervo común.