Cómo tantos amantes de la lectura diletantes, conservo durante un tiempo, que puede ser tan largo como algún artículo de fondo, unas carpetas de diferentes colores donde voy introduciendo algunos recortes de prensa que, por un motivo u otro (a veces por una sola frase, o solamente por el nombre del autor), han llamado mi atención. El conjunto de estos recortes a veces hace tilín. De entre los recortes escogidos en 2018, pienso que a los lectores del TRIANGLE los pueden interesar especialmente los tres que a continuación intento resumir, relativos, respectivamente, a los nuevos idilios y amores entre los jóvenes, al movimiento Me Too y al final del patriarcado, este último editado en forma de entrevista.

Todos fueron publicados en el diario parisiense Le Monde entre abril y septiembre de 2018. El autor del primero de los artículos citados, Zineb Dryez, considera que la mayor libertad sexual y amorosa de los jóvenes inquieta a la generación precedente, que a menudo describe a sus descendentes como turistas sexuales reacios a todo vínculo amoroso (o a un tipo de amor líquido, para usar la expresión de Zygmunt Bauman). A pesar de todo, algo ha cambiado: no tenemos que olvidar que durante los años setenta Leo Ferré cantaba aquello de "Quand je vois un couple, je change de trottoir" (Cuando veo una pareja, cambio de acera).

El periodista, citando a la socióloga Christophe Giraud, autora del libro El amour realiste, distingue tres grandes tipos de contratos amorosos: la relación ligera, irregular y recreativa; la relación seria, promesa de un escenario conyugal, y la relación seria-ligera, la más frecuente entre los jóvenes, donde se trata de no prometerse nada, o casi nada. Las parejas duermen en la misma cama pero no se dicen "te quiero" demasiado pronto, para evitar presiones que se consideran innecesarias.

En definitiva, ellas (el trabajo de campo se hizo entre mujeres) son menos líricas, más propensas a la ironía. A pesar de todo, cuando llega un problema de amor, sufren igualmente y, a menudo, de una manera más complicada si han publicado su vida privada en las redes sociales. Christophe Giraud concluye que los jóvenes del año 2018 han aprendido a construir relaciones estables basadas en el respeto al otro. Jean Pierre LeGoff es el autor del artículo, que algunos pueden considerar provocador, que hace referencia al movimiento Me Too.

El título completo del artículo ya es suficientemente explícito: Me Too es un movimiento sentimental y victimario. Después de decir que no es practicando la delación y la invectiva contra los que se los oponen y tildando los hombres de cerdos que las personas militantes del Me Too conseguirán adeptos, concluye que la indignación legítima contra las violencias de género y el eco obtenido en las redes sociales no significan necesariamente que haya una adhesión a las tesis de un neofeminismo radical que añade confusión a un clima de sospecha generalizada. Un artículo destinado a la polémica, especialmente si lo leemos en este lado de los Pirineo, donde determinadas sentencias judiciales, unidas a la crueldat de las violencias ejercidas sobre las mujeres, han exasperado a determinados colectivos.

El tercero de los textos citados es una larga entrevista hecha a la ensayista Laetitia Strauch-Bonard, autora del libro "Les hommes sont-ils obsolètes?" (Son obsoletos, los hombres?). En este libro Strauch-Bonard sostiene que se ha abierto una nueva fosa entre mujeres y hombres, tanto en la escuela, como en el trabajo y en la vida familiar; que la evolución de la economía castiga más a los hombres, puesto que la mayoría de las mujeres, desde la época escolar, dominan más el lenguaje y demuestran una superior empatía, y en consecuencia, sus capacidades relacionales –en unas sociedades donde domina el sector terciario– son superiores a las de los hombres.

Por otro lado, si bien es cierto que los padres pasan más tiempo con sus hijos, jugando y haciéndoles compañía, esta presencia es mucho más numerosa en las clases medias y superiores; en cambio, en las más desfavorecidas son más frecuentes las familias monoparentales y abundan los hijos que no ven nunca a sus padres. Como conclusión la autora considera que si entendemos por patriarcado el hecho de que en Occidente existe una opresión sistemática de las mujeres por parte de los hombres y que estos son responsables de todas las infelicidades de aquellas, hay que decir que este no es el caso. Ahora bien, si entendemos por patriarcado el hecho de que el poder ha estado, hasta muy recientemente, en manos exclusivas de los hombres, puesto que las mujeres eran sistemáticamente excluidas por la ley y la práctica, entonces hay que decir que estamos viviendo el final del patriarcado. Δ