Todo tiene un límite. Por lo menos, debería tenerlo. Pero Quim Torra no tiene ninguno: sus flatulencias verbales no tienen freno. No son simples apleaciones propias de un activista descabellado. Ahora ya son manifestaciones públicas y reiteradas de un fanático irresponsable. Su última ventosidad verbal lo convierte ya en un peligro público. Un peligro público grave, porque insta al martirio, a la inmolación. No deja de ser curioso que incite a sus seguidores al martirio cobijado bajo el paraguas protector de Paul Engler, director del Center for the Woorking Poor y coautor, con su hermano Mark, del Manual de desobediencia civil.

El tal Paul Engler, en una entrevista en Vilaweb que Torra recomendó a sus seguidores en Twitter, lo decía bien claro: "Morir como un mártir es inherente a los movimientos ganadores. No quieres que pase, pero es inevitable cuando aumentas la tensión". Antes había explicado que "si los catalanes queréis ganar debéis polarizar mucho más y aceptar altos niveles de sacrificio". Que un presidente de la Generalitat, y por tanto, máximo representante del Estado en Catalunya- promueva las ideas de un personaje como Paul Engler, que se autodefine como "místico cristiano" y predica "la fuerza sacrificial", es un monumento al cinismo político.

Es mucho más grave que quien avale y difunda estas opiniones sea Torra. Ha sido él quien de una manera tan irresponsable como frecuente ha llamado a sus seguidores, sobre todo a los CDR y al Tsunami Democrático, a hacer acciones violentas y de boicot, en ciertos casos con su participación personal y de familiares suyos. Recordemos aquel "¡apretad, apretad!" que dirigió a los CDR. Habría que saber qué hay de cierto en las acusaciones policiales contra él por su supuesta colaboración con algunos CDR particularmente radicalizados que habrían preparado la ocpuaciónn del Parlament -por cierto, con el uso de unos métodos nada pacíficos. Lo que todavía hace que sea mucho más escandalosa y moralmente despreciable esta, por ahora, última flatulencia verbal y mental de Quim Torra es que está en contradicción radical con algunos de sus referentes históricos, como el xenófobo Daniel Cardona -fundador de Estat Català y de Nosatres Sols-, los criminales Miquel y Josep Badia -unos policías torturadores y asesinos de sindicalistas y de otros adversarios políticos-, y también de un sujeto tan turbio y despreciable como Josep Dencás. Consejero de Gobernación con Lluís Companys ya como presidente de la Generalitat, Josep Dencás, impulsor de los tristemente célebres pelotones fascistas de Estat Català, fue uno de los instigadores principales de los lamentables hechos del 6 de Octubre de 1934. No obstante, en vez asumir "la fuerza sacrificial" o "el martirio" que Torra pide ahora a sus seguidores, entonces José Dencás huyó, y lo hizo por las cloacas.

Dencás actuó de una manera muy diferente de todos los demás miembros del gobierno presidido por Lluís Companys -entre otros, Josep Tarradellas- que no estuvieron de acuerdo con la proclamación pero no quisieron eludir sus responsabilidades y fueron condenados a largas penas de prisión. Tras un breve exilio, Dencás volvió a huir, poco después del inicio de la Guerra Civil, el 2 de agosto de 1936 y pasó de Génova a Francia, y finalmente a Tánger, donde murió en el año 1966. ¡Qué cinismo tiene Torra cuando reclama a sus seguidores "martirio" y "fuerza sacrificial", mientras ensalza como grandes referentes políticos a sujetos como José Dencás, Daniel Cardona o Miquel y Josep Badia!

¡Esto ya pasa de castaño oscuro! Hace que Quim Torra sea un auténtico peligro público. Entre otras razones, porque el tal Paul Engler propugna también la "polarización" como aplicación práctica de la desobediencia civil.

La "polarización" defendida por Paul Engler, y también por Quim Torra, implica la radicalización de los extremos y, por tanto, su enfrentamiento directo, si es necesario violento, con la consecuencia evidente del "sacrificio" y el "martirio". En ningún lugar del mundo es deseable la "polarización". En Catalunya mucho menos. Entre otras razones, porque ya estamos demasiado polarizados. Y si Quim Torra desea "martirios" y "sacrificios", que empiece a dar ejemplo y se inmole de una vez. Me temo, sin embargo, que preferirá seguir el ejemplo de su tan admirado y alabado José Dencás y huirá. ¿Por las cloacas?