La asistencia al estreno del documental Nunca está tan oscuro, que acompaña al activista Arcadi Oliveres durante los años 2011 y 2012, me ha permitido rehacer un poco mi estado de ánimo. De un tiempo a esta parte, me ahogo en un ambiente dominado por la insolidaridad y el egoísmo, personal o colectivo.

Vivo rodeado de banderas, patrias, competitividad, emprendimiento, cálculos económicos interesados y egoístas. Las informaciones que me llegan me presentan países que se quieren separar de otros o que ponen barreras en sus fronteras para que no les lleguen inmigrantes o enfermedades terribles. Veo cooperantes y periodistas secuestrados y asesinados por fanáticos religiosos porque en sus documentos de identidad dice que son británicos o norteamericanos. Me destrempa ver que el equipo de fútbol de toda mi vida lleva en el pecho la promoción de una dictadura que ha financiado a estos asesinos. Y me rompe el corazón ver cómo jóvenes que huyen de las masacres en Irak, ven como las bombas les caen en Gaza o están aterrados por el ébola en sus países africanos, visten estas camisetas. Asisto desanimado al triste espectáculo de los ricos que cada día lo son más y los pobres que aumentan día a día y compiten entre ellos por trabajos mal pagados. Y me desespera escuchar los dirigentes políticos alemanes negarse a rectificar la política criminal de austeridad que han impuesto en los últimos años.

Necesito políticos y dirigentes que hablen de solidaridad y de compartir, de quitar dinero a los ricos para convertirlos en dignidad para los más humildes, de renunciar a lujos para favorecer el progreso social y humano de los que sufren pobreza, limitaciones y hambre. Aquí y lejos de aquí.

Arcadi Oliveres dice que "nunca está tan oscuro como antes de que salga el sol". Reproduce un viejo proverbio chino. Ya sería hora de que el sol de la fraternidad asome la nariz por el horizonte.