La Generalitat da pena. Sin presupuestos desde el año 2017; el gobierno de coalición, más dividido que nunca por las puñaladas traperas que se dan Junts per Catalunya (JxCat) y Esquerra (ERC); el Parlamento, secuestrado y paralizado; las finanzas, intervenidas por el gobierno central porque no se fía de la lealtad institucional del gobierno catalán; el presidente Quim Torra, asegurando que “lo volveremos a hacer” (el 1-O) y dando argumentos al Tribunal Supremo para que imponga severas penas a los líderes independentistas encarcelados; una corte de asesores y enchufados, cobrando cada mes unos salarios inmorales e indecentes; un montón de altos cargos que ejercen su función con el mandato caducado, como es el caso del Síndic de Greuges, Rafael Ribó, o del consejo de gobierno de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA)... 

Esta legislatura, iniciada con las elecciones del 21-D del 2017, después de los traumáticos episodios de aquel otoño y bajo la imposición del artículo 155, está absolutamente herida de muerte y liquidada. Además, la ganadora de aquellos comicios, Inés Arrimadas, ha dimitido vergonzosamente de sus responsabilidades y se ha marchado a Madrid, para apoyar a Albert Rivera

Con un presidente zombi, que se desentiende de gobernar el país y se dedica a hacer de activista del procesismo, el prestigio de nuestra institución de autogobierno ha caído en el punto más bajo desde el retorno del presidente Josep Tarradellas, hace más de 40 años. En Cataluña se acumulan las urgencias y la incomprensible actitud del presidente Quim Torra, que no tiene ningún tipo de carisma ni capacidad de liderazgo, agrava el cada vez más difícil día a día de los 7,5 millones de catalanes. 

Si, de verdad, ama al país y su historia con pasión -como él mismo asegura-, Quim Torra debería tomar conciencia del patético papel que juega y convocar elecciones, antes de que la situación no se desborde y se vea forzado a ello por la ruptura de la coalición JxCat y ERC. La sentencia del 1-O ya está descontada y es absurdo esperar que se pronuncie el Tribunal Supremo para convocar a los ciudadanos a las urnas. 

Los líderes independentistas solo saldrán de la cárcel por dos caminos: por la vía del indulto o por la modificación del Código Penal. Ambas opciones requieren mucha capacidad negociadora y cintura política, habilidades que no tiene Quim Torra, que actúa como presidente vicario del residente en Waterloo, obsesionado en su combate quijotesco contra España y que tiene como divisa “cuanto peor, mejor”. 

Presidente Torra: Esto va de democracia. Presidente Torra: Disuelva el Parlamento y convoque elecciones. Hoy, mejor que mañana. Presidente Torra: ¡Ponga las urnas! Presidente Torra: ¡Queremos votar!