Pronto habrá que hacer una profunda reflexión sobre la atención residencial a las personas mayores. La Covid-19 ha puesto ante el espejo una realidad que no nos ha gustado nada.. No es la primera vez que estamos en una situación difícil. Durante los episodios de calor de 2003 murieron muchas personas en las residencies de Francia y por lo que ha sucedido en los últimos meses parece que no aprendimos la lección. El tema es complejo y con diersas variantes. Algunas respuestas serán difíciles y costosas pero hay que ponerlas sobre la mesa y analizarlas. Después habrá que estudiar los ritmos y la manera de implementarlas

El alargamiento de la vida es un hecho positivo y a la vez incuestionable. Esto también representa que muchas personas vivirán años con algunas limitaciones y con enfermedades crónicas. La atención a las personas mayores ha evolucionado en las últimas décadas. De realizarse fundamentalmente por las mujeres en el marco de la familia a hacerse por población femenina mal remunerada En este sentido hará falta un replanteamiento de la atención y aumentar su valoración social. Por eso es imprescindible, la mejora de las remuneraciones. Las diferencias salariales actuales entre el sector sanitario y social no tienen sentido.

Hoy, el sector de atención residencial está gestionado mayoritariamente por organizaciones privadas de cariz lucrativo. En Catalunya empiezan a tener una notable influencia las propiedades de grandes fondos de inversión. En este sentido se está produciendo un creciente proceso de concentración del sector. No tiene mucha lógica que un sector bastante regulado y financiado por las administraciones publicas tenga esta composición. Pero habrá que tener presente que los sistemas actuales de contratación también ayudan a una concentración de empresas no deseada. La experiencia negativa en el Reino Unido de un sector social muy mercantilitzado no hace prever escenarios mejores en nuestro país.

El sector mercantil puede haber ayudado a la construcción de nuevos equipamientos ante la política de las administraciones pero habrá que encontrar nuevos instrumentos de financiación que eviten el control del sector por parte de organizaciones la prioridad central de las cuales no son los servicios públicos y cuya dinámica empresarial no ayuda a la mejora de las remuneraciones de los trabajadores/as.

Por otro lado, la gente mayor, en todo el mundo, quiere mantener su autonomía y esto pasa esencialmente por vivir en el propio domicilio. Hay que trabajar para que eso sea posible. Con atención domiciliaría, con buenos servicios sociales y con nuevos sistemas tecnológicos que permitan la supervisión a distancia y también fomentando la colaboración de todo tipo, de personas mayores entre ellas y también entre ancianos y jóvenes. Habrá que encontrar formas de innovación que permitan compartir y cooperar. De todos modos seguirá siendo necesaria la atención más especializada en residencias o viviendas tuteladas para personas muy dependientes. Las residencias para la gente mayor no tendrían que ser espacios cerrados y aislados. Hay experiencias positivas, especialmente en poblaciones pequeñas, pero hay que ampliarlas. Tienen que ser centros abiertos a la comunidad, con la autonomía personal que se pueda y con espacios comunes en los que hayan entradas y salidas de voluntarios, jóvenes y niños. La gente mayor no puede quedar aislada.

Lo que hasta ahora hemos entendido como 'social' y 'sanitario', no puede ir disociado. Un enfoque social insuficiente acostumbra a representar mayor gasto sanitario y también tiene riesgos una atención medicalizada en exceso. Las mejores respuestas se tendrían que realizar a partir de la integración en un único departamento del gobierno de la atención sanitaria y social. Como mínimo en todos los temas de atención a la gente mayor. Pero, en cualquier caso, la atención sanitaria en las residencias se tendría que hacer por parte de los equipos de atención primaria, así como la atención farmacéutica.

También serán necesarios sistemas de evaluación externos y transparentes, más allá de las inspecciones para garantizar un seguimiento permanente de la calidad de la atención, que dé seguridad a los residentes y familiares. Por lo tanto, la universalización de la atención a la dependencia de la gente mayor es necesaria, pero hay que implementar una financiación adecuada y que sea asumida por la sociedad. La aportación de recursos personales especialmente cuando se dispone de algún patrimonio será necesaria.

El cuidado de nuestros mayores tiene que estar en los valores de la sociedad y especialmente en su práctica. Es una responsabilidad de las administraciones pero también de todos nosotros como ciudadanos/nas