"La democracia es un sistema que no sirve para España. Aquí tenemos un sistema mucho mejor que se llama 'democracia orgánica'". Algo así escribió un tal Siscu Baiges ahora hará unos cincuenta años. Quién busque suciedad y opiniones desacertadas en mi currículum encontrará algunas, seguro, pero esta defensa de la 'democracia orgánica' supongo que no. Corresponde a un trabajo de 'Formación del Espíritu Nacional" de cuando aquí no teníamos democracia. Teníamos aquella cosa orgánica que de democracia no tenía nada. Lo recuerdo porque alguna vez he visto por casa este trabajo, con mi nombre delatándome.

En aquellos tiempos no había ordenadores. Tampoco twitter. Ahora, si quieres reconstruir el pensamiento y las simpatías de un ciudadano una buena idea es chafardear en sus redes sociales. Mirando su cuenta de twitter y la de facebook te puedes hacer una idea de por donde le va el cerebro y la ideología. También puedes mirar su instagram, pero aquí te encontrarás más bien las fotos de los lugares que visita, la comida que le gusta o los conciertos a los que va.

Instagram es cosa de jóvenes. Facebook, no. En twitter está todo el mundo. 'Cambridge Analytica' ayudó a Donald Trump a ganar las elecciones presidenciales o al triunfo del Brexit mediante el uso de los datos personales de millones de usuarios que le cedió Facebook. 'Cambridge Analytica' ya no existe, pero su trabajo ahí queda. Estoy convencido de que los que montaron esta empresa ya hacen funcionar otra y continúan influyendo en procesos electorales de cualquier lugar del Planeta.

Facebook sabe muchas cosas de sus usuarios. Por eso puede vender sus datos a empresas que los utilizan para intentar influir tanto en los productos que compran como en qué candidatos electorales votan. Pero para saber qué piensan de verdad es mucho más fácil y directo repasar qué dicen en sus cuentas de twitter. Allí mucha gente se deja ir. No repara en las buenas formas y se expresa como si estuviera charlando con los amigos en conversaciones privadas ante unas cervezas.

El madrileño José Ortega y Gasset acuñó la frase "Yo soy yo y mi circunstancia" que siempre se cita a medias porque continuaba diciendo "si no la salvo a ella, no me salvo yo" y así se entiende el mensaje constructivo que había detrás de esa reflexión. Ahora podríamos decir que "Yo soy yo y mi twitter". "Y de lo que decimos en twitter no nos salvará la historia". Gabriel Rufián tiene que asumir, lo quiera o no, sus "155 monedas de plata" y "Más Rosalía y menos manifiestos Koiné". Twitter lo carga el demonio. Por eso hay tanta gente que lo utiliza con la cara cubierta. Le llaman bots o trolls .

Y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo estoy más avergonzado de alguno de mis tuits que de aquel pecado de juventud destacando las virtudes de la democracia orgánica, cometido para aprobar la FEN.