Cada vez es más descarado y evidente. La palabra república en camisetas, lemas y proclamas, bien ensalzada, mientras independencia cada vez tiene menos protagonismo y es más denostada.

¿Os habéis fijado? Y ¿por qué? Me lo he preguntado varias veces. ¿Por qué le llaman república cuando quieren decir independencia? Seguramente podríamos hacer diferentes interpretaciones, pero a mí me ronda: el poder de las palabras. Y añado, el poder de las palabras para enmarcar los conceptos que nos mueven, los marcos mentales.

La lectura es clara y diáfana. La palabra independencia se ha visto denostada a la luz de los acontecimientos del otoño de 2017; suena contundente, nos recuerda la unilateralidad que tantos aspavientos ha hecho en la sociedad, los acontecimientos del 6 y 7 de septiembre en el Parlamento, cuando la mitad del hemiciclo hizo volar por los aires el Estatuto y la Constitución, el 1 de octubre, el intento de proclamación unilateral de independencia...

En cambio, en tiempos de crisis, la monarquía siempre es una buena diana, y más cuando se encuentra en horas bajas por casos de corrupción y dudas variadas sobre algunos miembros de la Casa Real. A esto se suma que el relato independentista ya no puede vivir contra Rajoy y el PP, y que ha caído en picado aquel "España nos roba" con las acciones del nuevo gobierno socialista en Madrid.

La república, pues, se nos presenta como un marco mucho más atractivo que la independencia y en contraposición a la monarquía, a priori, puede aglutinar más adeptos. Y sí, es tramposo porque ni todos los independentistas son republicanos ni todos los republicanos son independentistas, pero, por supuesto, el marco republicano nos lleva a la represión franquista, a presos políticos, al exilio... y este es el relato que nos quieren vender hoy, ¿verdad? Los marcos mentales. Estos grandes desconocidos que nos dominan más de lo que pensamos.

Ya en 2004 George Lakoff escribía No pienses en un elefante, un primer libro dedicado a la importancia de los marcos mentales en política: "Los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo. (...) En política nuestros marcos conforman nuestras políticas sociales y las instituciones que creamos para sacar adelante estas políticas. (...) Los marcos de referencia no se pueden ver ni oir, forman parte de lo que los científicos cognitivos llaman el inconsciente cognitivo, estructuras de nuestro cerebro a las que no podemos acceder conscientemente, pero que conocemos por sus consecuencias: nuestra manera de razonar y lo que se entiende por sentido común. También conocemos los marcos a través del lenguaje.

Todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales. Cuando se oye una palabra, se activa en el cerebro su marco (o su colección de marcos). Oimos “república” y se nos activa el marco mental de la represión, los presos políticos, el exilio ... Las palabras crean marcos, que conforman nuestro sentido común, nuestro razonamiento y que activan una serie de nociones en nuestro cerebro. Y lo hacen sin que ni nos demos cuenta, incluso dominando nuestra voluntad consciente, como demuestra Lakoff: "Cuando enseño el estudio del cambio de marco, en Berkeley, en el primer curso de ciencia cognitiva, lo primero que hago es pedir a los estudiantes que hagan un ejercicio. El ejercicio es: no pienses en un elefante. Hagas lo que hagas, no pienses en un elefante. No he encontrado todavía un estudiante que sea capaz de hacerlo. Todas las palabras, como elefante, evocan un marco, que puede ser una imagen o bien otro tipo de conocimiento: (...) La palabra se define en relación con este marco. Cuando negamos un marco, evocamos el marco".

Y sigue Lakoff: "Esto nos proporciona un principio básico del enmarcado para cuando se debe discutir con el adversario: no utilices su lenguaje. Su lenguaje elige un marco, pero no será el marco que tú quieras".

¡Ay, el poder de las palabras y sus marcos mentales! ¡Ay, admirado George Lakoff! Sí, la llaman república cuando quieren decir independencia. Y nos quieren envolver con su marco mental. Pero nosotros seguiremos diciendo independencia.